martes, octubre 27, 2026

mañana, tal vez

es de noche, la sombra de aries aún acaricia la luna y las nubes chirriantes, quisiera ver las estrellas pero llueve no sólo fuera de la ventana, hoy quisiera que mi corazón fuera menos denso, que el gotear nocturno entrase a borbotones por la ventana, que mis pensamientos permanecieran no más allá de mi realidad, pero el estertor no perdona; hoy quisiera saber fluir como el viento, poder concluir las últimas conversaciones y tirar de la basura que llevo a cuestas y mirar directamente en la cara a quienes están al otro lado del espejo mientras cuestiono la autenticidad de su actuar

"guardar silencio como última alternativa" siempre en movimiento, aún cuando el frío ártico es capaz de helarte las pestañas, de meterse en tus retinas hasta tu alma, hay quienes le llaman <mirada ártica>, pero basta ya, la nostalgia como presencia permanente escurre desde la punta de mis dedos hasta donde mi magín termina; cierro los ojos, no sólo al despertar, mientras sostengo el corazón en las manos, mientras late al ritmo del metrónomo de ayer, quizás aún sangra con la noche y también bombea al amanecer

habitar entre contradicciones, compaginar recuerdo y reminiscencia con el día a día, con el amanecer, con el anochecer, con la música y la cumbia, con trayectos eternos donde se sostienen conversaciones con la mirada, y con los sueños de mundos paralelos donde el crepúsculo trae de la mano aquello que no miramos a los ojos, me gusta sostenerlo y cargarlo entre brazos como el niño mesías que aún está creciendo; pensamientos y todas sus formas, conciencia y consciencia, abrir los ojos, no sólo al amanecer, tras la anestesia

no más palabras, no más viento y no más tiempo, soy quien está aquí, humano e imperfecto, tratando de consagrar mis vivencias a través de una autobiografía no construida, aún entre la sombra del mundo mientras cierro la ventana y escupo tu nombre; "guardar silencio como última alternativa"

sábado, agosto 29, 2026

sin reverso

 vaya recuerdo el que sostengo

entre mi garganta y mi coleto;

se agita un suspiro sin nombre,

un vuelo descontrolado de pensamientos

que buscan catarsis en el silencio


una parte de mí añora

la simpleza inocente del amanecer nuevo,

otra se tiñe carmesí

con los desdenes de la pasión,

sensaciones guardadas bajo la cama,

en un rincón


será mi respiración pausada

un trayecto de ida sin reverso,

o me llevará, entre sueños,

a un amanecer que me devuelva

al tiempo y al viento...

martes, julio 28, 2026

Voz Vulnerable

Hace tanto que no hay artificio, sólo carne y delirio. El día a día que arrastra al abismo es la misma materia de la que está hecha la vida. Las palabras no buscan consuelo, añoran a la soledad desnuda como espacio fértil, la ausencia como a otra forma de amar. Ojalá sea que la escritura sea un cuerpo que arde, un espejo vulnerable.

Tus latidos, tus nostalgias, tus amaneceres llevan consigo marcas frágiles que denotan vitalidad. El ardor nocturno; la pasión como razón, el recuerdo como motor. La verdad cruda y vital.

Vaya ternura que se abre paso entre la crudeza. Soledad sin vacío, y las maneras de gestar  esperanza. Mis actos de resistencia favoritos se arraigan a las letras que salen de la punta de mis dedos, y qué modo de decir que la nostalgia y el recuerdo no nos derrotan, sino que nos acompañan.

Quisiera conocer sobre la volatilidad que se arraiga al tacto, al color, al sabor; a todo lo que asimilamos como celebración de sencillez y humanidad. Las palabras también extrañan el vivir sin olvidar aquellas memorias como lastre, compañía.

Y cómo comprender el canto frágil y vigorizante; cómo hacerlo cuando, y entre contradicciones, nos salva el silencio. Me pregunto si la crudeza en palabras es más que una volatilidad arraigada a una voz vulnerable escondida entre la moral absurda y sus delirios cotidianos.

Aún hay resistencia en la conciencia desnuda; calma y lucidez para consagrar realidad.

jueves, marzo 19, 2026

ardor, delirios y latidos antes del amanecer

y cómo contener la razón
si el día a día nos arrastra al delirio continuo,
lleno de delitos enmascarados en la moral absurda
adyacentes al adiós repentino,
arraigados a nuestras caricias, a nuestras pestañas

qué sería de mí sin abrir los ojos,
no necesariamente al amanecer
para sentir la volatilidad,
volatilidad que se arraiga al tacto, al color y al sabor

ahora comprendo la naturaleza que me rodea, que me complementa
diría que estoy consciente, presente ante mí,
ante mis delirios donde he consagrado realidad,
¡Vaya inmaculada decisión!

la sangre y el corazón conducen al ardor nocturno,
donde los latidos, que con pasión,
nos recuerdan que hay razón
en nostalgiar y extrañar el recuerdo que,
de noche, sucumbe
antes del amanecer

sábado, marzo 14, 2026

preludio y anochecer

la crudeza de la existencia se convierte en algo físico
la ausencia como otra manera de amar
la soledad no es vacío, es espacio donde la esperanza prevalece

la lucidez de la fragilidad humana, un gesto de presencia,
un espejo vulnerable y consciente, un cuerpo que arde
ternura que late, conciencia desnuda

soledad y vacío, nostalgia, lucidez y algún amanecer
penumbra de palabras que consagran realidad, recuerdo y presencia
la volatilidad se arraiga al tacto

la ausencia que palpita, sucumbe antes del amanecer
la naturaleza me complementa y me desnuda
los latidos recuerdan la razón de la nostalgia
extrañar también es vivir

hay vacío fértil, fragilidad y vitalidad
detalles ante preludios
comienzos de vida, memoria, deseos
y mi circulación

jueves, marzo 12, 2026

deseos de encuentros disfrazados de soledad

un disfraz que se adhiere como piel húmeda me recuerda que la ausencia también late

y cómo contener la razón

si el día a día nos lleva al delirio continuo lleno de delitos enmascarados en la moral absurda

adyacente al adiós repentino arraigado a las caricias,

y nuestras pestañas

qué sería de mí sin abrir los ojos, no necesariamente al amanecer,

sino en la penumbra que revela la volatilidad  que se arraiga al tacto, al color y al sabor

ahora comprendo la naturaleza que me rodea,

que me complementa;

me desnuda mientras soy consciente, presente ante mí,

ante mis delirios donde he consagrado mi realidad,

inmaculada decisión, donde la sangre y el corazón conllevan el ardor nocturno,

donde los latidos, con pasión,

nos recuerdan que hay razón en extrañar y nostalgiar. el recuerdo que,

de noche, sucumbe antes del amanecer