y cómo contener la razón
si el día a día nos arrastra al delirio continuo,
lleno de delitos enmascarados en la moral absurda
adyacentes al adiós repentino,
arraigados a nuestras caricias, a nuestras pestañas
qué sería de mí sin abrir los ojos,
no necesariamente al amanecer
para sentir la volatilidad,
volatilidad que se arraiga al tacto, al color y al sabor
ahora comprendo la naturaleza que me rodea, que me complementa
diría que estoy consciente, presente ante mí,
ante mis delirios donde he consagrado realidad,
¡Vaya inmaculada decisión!
la sangre y el corazón conducen al ardor nocturno,
donde los latidos, que con pasión,
nos recuerdan que hay razón
en nostalgiar y extrañar el recuerdo que,
de noche, sucumbe
antes del amanecer