un disfraz que se adhiere como piel húmeda me recuerda que la ausencia también late
y cómo contener la razón
si el día a día nos lleva al delirio continuo lleno de delitos enmascarados en la moral absurda
adyacente al adiós repentino arraigado a las caricias,
y nuestras pestañas
qué sería de mí sin abrir los ojos, no necesariamente al amanecer,
sino en la penumbra que revela la volatilidad que se arraiga al tacto, al color y al sabor
ahora comprendo la naturaleza que me rodea,
que me complementa;
me desnuda mientras soy consciente, presente ante mí,
ante mis delirios donde he consagrado mi realidad,
inmaculada decisión, donde la sangre y el corazón conllevan el ardor nocturno,
donde los latidos, con pasión,
nos recuerdan que hay razón en extrañar y nostalgiar. el recuerdo que,
de noche, sucumbe antes del amanecer
No hay comentarios.:
Publicar un comentario