jueves, octubre 21, 2021

Minutos y silencios

Las noches llenas de nitidez colapsan cuando los fractales se graban sobre mis brazos, cuando el trayecto sin rumbo fijo ni dirección se arraiga a la melancolía escurrida dentro de mi ser. Las palabras sobrantes rebosan en mi magín, recorriendo mi garganta y pecho hasta la punta de mis dedos, hasta los minutos donde de mis manos brotan sensaciones al tacto. Los días transcurren al ritmo de las nubes y el cielo, al son de los instantes donde nos pertenecemos.

Tiempo entrelazado a la sinfonía carente de orquesta, las horas mágicas resuenan en cada centímetro de mi ser rememorando y evocando hastío, abandono e indiferencia en el vuelo de la mariposa, la luz que se postra sobre sus alas ha quemado hasta lo más mezquino; olvidé sentir. Ahora que las hojas caen y se enredan en mi cabello recuerdo la sensación de otoño, la caricia fría que entra a raudales por la ventana, por mi alma; ahora que las hojas escurren con tinta de vivencias y recuerdos, vuelven a mi el universo y las estrellas de más allá.


Hablé de lo grabado en párpados henchidos de amor, esos mismos donde las pestañas fueron parte del solaz utópico en el que acorté  tiempo y distancia, hablé del complemento y cada girar inmaculado añorado en una vida distante, distinta, diferente; hablé de la inevitable sensación de vacío tras dejar los latidos, al ritmo de luces, en la nevera esperando por  ese fuego capaz de consumirlo todo; hablé y hablé, lo hice hasta que las palabras se agotaron, hasta que las lágrimas se convirtieron en sollozos bajo la luz de la luna. Hablé, hablé, hablé.


Las manos tiemblan, transpiran sensaciones que no caben en ellas ni en los tragos de vino y olvido. Ausencia y presencia, minutos y silencios; nubes, cielo y un poco de lluvia.

domingo, agosto 22, 2021

Soliloquio cero

La noche inicia con aquella frase recorriendo mi magín “¿Sabes cuál es esa realidad?”, mientras en el ambiente taciturno me envuelven melodías atónitas afinadas al metrónomo de la luna. Hay pensamientos de tiempos remotos donde la agonía y gozo desfallecieron dentro de mi corazón, donde consagraron sensaciones arraigadas al alma, donde desarticularon cada centímetro de mi ser en plena obscuridad. Hubo tintes carmesí esbozando palabras de aliento provenientes de la anonimidad; hubo sensaciones al tacto donde el desdén por el mundo, la humanidad y la vida conllevaron a malas jornadas durante muchos viajes de retorno.

He mirado hacia mis adentros, recorriendo la vitalidad de mi torrente sanguíneo, sujetando <con guantes de seda> los nombres que han circulado junto a la respiración; he mirado la apatía sujetada a los rincones más obscuros, esos mismos donde el oro negro fue enterrado con la irremediable esperanza de florecer. Una vez dentro y nuevamente en el océano, reencontró la simpleza de su existencia, la tranquilidad del abismo y el vacío. Maravilla, miedo y fascinación son los sustentos de la base del mundo, el mar de tinieblas permanece en calma sin miedo a la tormenta, las intermitentes resilencias de luz condenaron los faros.


Ahora que el ritmo se sincronizó con el parpadeo iridiscente de las estrellas y constelaciones tatuadas en la penumbra nocturna, los deseos y anhelos del mundo durmiente suceden con imágenes extravagantes y percepciones alteradas. Ahora que la brisa entra por la ventana erizando centímetro a centímetro mi piel, se derrumban diferentes monumentos fundados sobre falsas expectativas de esta realidad. El sueño colectivo pareciera culminar en melancolía y el gusto por ella, en el miedo y fascinación por lo incomprensible, por lo desconocido, por lo mortal, por lo perpetuo y su alcance. Ahora que cierro los ojos y me uno a la orquesta es que nos volvemos sombra y su sombra… Ahora, ahora, ahora…

jueves, agosto 12, 2021

girasoles

hace tanto no me explota el corazón,

sea por efímera consagración o profana encarnación

me he dicho a mí mismo, sin reparo, sin remedio;

sobre el olvido en un par de ojos negros,

sobre la omnipresencia en el palpitar, en un respirar


hace tanto no me explota el corazón,

sea por recuerdos suspirados a media noche

o deseos de una utopía distante

me he mirado en lugares profundos, en agujeros negros con tintes girasol;

me he encontrado en reflejos donde perdí la razón 


hace tanto no me explota el corazón,

sea por catarsis y clímax recorriendo mis sentidos;

sin remedio o reparo, sin distancia utópica;

donde me mire entre girasoles,

justo donde compartamos, gozosos, la gloria

viernes, julio 23, 2021

hace tanto

hace tanto que olvidé de qué van los desvelos donde las letras suceden a través de las yemas, esos mismos en los que la noche acaricia la piel con filo y seda; los desvelos donde se intercambian travesías, y con suerte, aquello oculto en la caja de zapatos bajo la cama


suelo preguntar hacia mis adentros por tu ausencia y tu presencia, lo hago con ideas parsimoniosas recorriendo conexiones y trascendiendo recuerdos donde me moría en ojos cerrados y ajenos a la fervorosa idea de cumplir con el devenir y volverse inmortal 


hace tanto que olvidé la transparencia con la que se anida en la piel, esa misma con la que el frío se desvanece cuando las noches compartidas florecen a tientas y en plena obscuridad, sea con ello consagración y comunión


suelo preguntar hacia mis adentros de qué van los días de cristal, de qué van las noches terciopelo; transcurren los momentos donde el palpitar pierde los latidos carmesí auspiciados por ser y permanecer en el sabor de los labios, en los suspiros y la respiración 


hace tanto que olvidé la ausencia

domingo, abril 04, 2021

fantasmas y fotografías

las falsas memorias pueden serlo todo, desde lo más enternecedor e iridiscente, hasta las palpitaciones violentas que surgen mientras, y bajo la cama, pides que se detenga el mundo pues ya no se alcanza la realidad con tanta agonía

la falta de palabras y letras palpables se hace presente cuando, y con tal desfachatez, nos alcanzan las horas mágicas, las horas muertas; cuando nos alcanza la vida y el sueño que no poseemos, que no dormimos


mis manos son las que procuran vomitar de mí y mi alma, son quienes promueven la convicción por respirar y seguir girando junto a la revolución colectiva 

hemos de tergiversar todo lo omnímodo e irreverente en busca de verdaderos ideales, sin necesidad de buscar perfección, prescindiendo de todo el libelo atorado en mi coleto y afamando los lamentos que escurren sobre las sábanas 


las noches se desarticulan conforme trasciende el tiempo, conforme los engranes han de retrasarse, conforme las manecillas se quiebran y se atoran en las solapas bajo mi piel desgarrando los pétalos morados que estuvieron añorando consagrar y profanar al desvelo mismo, al consuelo arrebatado

las noches se desarticulan llevándose mi corazón 


los labios lloran porque las mariposas trazadas sobre sus vestidos dejaron de poseer luz de luna, dichosos labios que lloran sin dolor y con consuelo; ahora que las fotografías muestran fantasmas y falsos recuerdos quiero desaparecer junto al sonido del viento, girar junto a la rueda eterna donde habremos de componer nuevas estaciones 

miércoles, marzo 03, 2021

reencuentro

nos encontramos en invierno, durante las jornadas llenas de alboroto y desvelos rodeados de fantasías donde aprendí a sonar con el viento; nos encontramos en invierno, cuando el frío matutino llevaba resabio a nicotina y recuerdos de conversaciones previas

compartimos secuencias estroboscópicas donde nuestros impulsos palpitaron al ritmo de las luces, al son de los latidos en plena obscuridad; nos sucedía lo inevitable bajo la noche estrellada, con tintas impregnadas en el árbol de mis memorias


mensajes erráticos y con lamentos sucumbieron ante la ausencia indiferente de las respuestas llenas de letras y palabras consagradas con navajas provenientes de sollozos,  repletas de hastío y esa singularidad de la mera existencia "con la simpleza de su existencia encontraba felicidad", ¿recuerdas?


pasó el tiempo y con él, el sonido del viento remontó aquel girar inmaculado donde añoré lo sucedido en otra vida, ese girar que consagró lo impío, lo memorial; pasó el tiempo y con él, las hojas de otoño nos trajeron un nuevo reencuentro 

domingo, febrero 28, 2021

y la melancolía

el mundo se ha descompuesto, los reencuentros afables se diluyen con la lluvia transpirante del mundo nocturno, del estertor en el que la madrugada mancilla a la vida como si no hubiese espera, salida ni final
los paños chapalean con la tinta carmesí que escurrió desde mi brazo izquierdo hasta el confín de esta vida y el firmamento

resuena una canción sin voz, sin palabras ni notas atónitas, el infortunio en el que el tiempo nos alcanza, es capaz de arraigar y desgarrar a base de ausencias y presencias

los días se quedan sin color y sin sabor, se han desprendido del deplorable hastío en el cual sólo existe una certeza

las noches se quedan sin vida y sin muerte, se han desprendido del brillo lunar

aún llevamos emociones tatuadas bajo la piel, sobre las clavículas; aún llevamos sentimientos rodando sobre las pestañas 

lo impío crece de la melancolía, de las ganas de comerse al universo entero;  los recuerdos de lisonjeo son arrebatados de lo lindo, traen consigo sensaciones que entrecortan cada centímetro de mi ser, llevan entrelíneas la incertidumbre de suceder y suplir

nos quedan las letras en las que codificamos nuestra existencia, las mismas con las que, a media noche y en plena obscuridad, me convierto en viento y consuelo nocturno

nos quedan los sentimientos a flor de piel, las emociones... y la melancolía 

martes, enero 19, 2021

De los momentos y recuerdos

Hace tan poco que el invierno nos ha alcanzado
aunque las remanencias de la nostalgia y la melancolía nocturna
parecieran haber alejado su comienzo,
desde las frías cosquillas que rodean la piel de mi nariz,
hasta el desconsuelo que sucede tras baja la temperatura.
En mi cabeza resuenan los ecos de melodías propuestas
a razón del sabor de los recuerdos y momentos,
esa evocación generada a causa del consuelo y la calidez de un abrazo,
una caricia, un solaz al alma.
Las palabas que fluyen a raudales a través de mis dedos,
llevan las flores moradas que alguna vez encontramos bajo mi piel,
estas buscan florecer como llanto, como canto,
como todo lo que recuerde un bello atardecer.
Hace tanto que se me detuvo el tiempo,
desde aquella vez donde las manecillas azules pretendieron mesurarlo en un reloj roto,
hasta el choque de copas y el vino acariciándonos los labios;
con estruendos y vuelcos al corazón
el tiempo vuelve bajo suspiros que componen la noche.

Hace tanto y tan poco que comenzamos a componer nuestras noches y alegrías, 
nuestros momentos y recuerdos antes del amanecer,
en mi cabeza resuenan las armonías afinadas a la caricia fría de la luna
en mi cabeza resuena el sonido del viento, el murmullo del sueño eterno
ya no hay más.

domingo, octubre 18, 2020

Por la noche

Concretamente, por las noches suelen florecer sensaciones férvidas y arrebatados, aquellas que, ya sea por alegría o melancolía, nos consumen bajo la armonía y danza de las estrellas. Por las noches es cuando la tormenta envuelve desde la respiración hasta el nacimiento del blanco y negro, hasta la mescolanza de las sensaciones que escurren sin mesura.

Concretamente, por las noches se entrañan los recuerdos de días y vidas que trascendieron bajo el sol de otoño, bajo el frío eterno que persiste aunque el entorno hierva como el corazón de los colibríes floreciendo a cada instante, a cada minuto; por las noches encontramos al alma descansando sobre las palpitaciones del arcoíris y el frío eterno del invierno interno.


Concretamente, por las noches se resplandece mientras las lágrimas recorren los párpados henchidos de desvelos no compartidos, se resplandece cuando las armonías de la ausencia revolotean en lo profundo de los oídos, cuando el sótano de la mente recae en el estruendo del anhelo.


Concretamente, por la noche se está jodido y vivo.

martes, septiembre 15, 2020

Trascender

si hablara de un lugar seguro, habría de referirlo a lo compartido, a los instantes transitados por el tacto, habría de hacerlo mientras navego por los hilos que encuentro bajo mi piel, con las remembranzas de corazones aventurados y todas las proezas intimadas a estos mismos, si lo hiciera, sería con las situaciones construidas sobre viejos tormentos

si hablara de las sensaciones capaces de marcar y trascender, referiría cada palabra, y sentido, al pulso sanguíneo que palpita a través de cada parte de mí, cubriendo y corrompiendo la vivacidad de un parpadeo en paranoia, el vuelco debido al asueto del corazón en ansiedad y melancolía; cubriendo y corrompiendo, sentido a sentido, hasta sufragar la respiración

si hablara con la certeza del lugar seguro en mente ajena, lo haría con la sombra iridiscente del cuarto menguante surcando tus labios y los míos, con el filo de la noche buscando trascender hasta tus pupilas, hasta mis suspiros; hasta nuestros impulsos

si hablara con la veracidad de hasta lo más inverosímil diría, hacia el aire, el viento y todos los tiempos, que no pertenecemos a las sensaciones que se han escurrido desde los párpados hasta el cielo, que la impaciencia no perdona el trato con guantes de niño... me he quedado sin tiempo, las manecillas dejaron de existir, pierdo el aliento ...

viernes, mayo 29, 2020

Intermitente

La mente y el corazón colapsan al borde del precipicio, donde el halcón presagia, con alabastros, la infame libertad. Las palabras que transitan todo sistema son quienes pretenden remontar las reminiscencias y artilugios profanados por el amanecer, por el momento perdido donde la libido descansa. La noche me envuelve consumiendo, a brazas, las luces brillantes; a mis pensamientos llegan imágenes donde habremos de conocernos por la piel y el tacto, los mismos instantes donde hemos de consagrar la urgencia con delicadeza.

Abrir los ojos al borde del precipicio, donde el halcón presagia la libertad inminente, intermitente, como esa ausencia que prevalece; como esa soledad implícita de la vida. Cerrar los ojos al amanecer, cuando el claro de luna ha cubierto a la vida y el desvelo compartido, cuando la sensación de tacto se echa de menos como a las estrellas y el mar. Desaparecer tras el compás unísono de los cincuenta y dos hertz chapaleando en mis oídos.

Las sensaciones recorren la punta de mis dedos, las caricias van inmersas en letras y palabras articulando el borde del precipicio, el mismo donde el presagio se convierte en vuelo. Me pregunto si los arribos suceden a tiempo o destiempo pero qué importa si el reloj de mi bolsillo está roto, si los ciempiés no pueden volar y la noche comienza a encenderse.

jueves, marzo 26, 2020

sensación del pecho al respirar


se me oprime el pecho al respirar, cuando advierto el resabio resentido de las malas decisiones, cuando suspiro en silencio mientras el filo de la noche acaricia mi piel
se entrelazan alrededor de mi cuello las reminiscencias mostradas como postales del 54 anundándonse en seda y satén sin dejar de lado la corbata sobre la garganta

se me eriza la piel y el tacto, cuando minimizo el aroma sutil arraigado a los recuerdos; cuando, a parpadeos e instantes, sueño con avidez la catástrofe y cura consagrándose a tientas y en plena obscuridad
la naturaleza del miedo compagina con la brisa que rodea mi cabello, la punta de mis dedos sostiene suspiros y desvelos, éstos,
me preguntan si recuerdo las rosas que se postraron bajo mis palmas y las cobijas de luna llena

la danza nocturna sucumbe ante la pesadez de la dicha banal y la gloria putrefacta que se consume sobre el ocaso de sombras y palabras al cual nos hemos visto inmersos durante el verano y el invierno;
la danza perpetua se postra sobre tu espalda, tu regazo y tus clavículas, se esparce sobre los poros, los impulsos y los posibles momentos suspendidos

los instantes donde se añora ser parte de un desvelo o un consuelo antes de dormir recaen sobre los momentos suspendidos donde, sobre tus clavículas, busco la gloria bajo mis labios, bajo mis palmas;
las rosas surgen al tacto del desvelo, al parpadeo de la piel erizada con esa sensación de tu(s) recuerdo(s) al anochecer, con esa sensación que oprime el pecho al respirar

martes, febrero 25, 2020

Soliloquio No. 5

Me he encontrado de nuevo con los estragos de la vida morigerada y taimada a la cual nos hemos inmiscuido en un abrir y cerrar de ojos; las emociones que recorren cada centímetro de mi piel muestran avidez por ofrecer y recibir más de lo que puede sostenerse en un parpadeo.

He recorrido las partes más mezquinas y llenas de libelo que habitan en mi alma y en su sombra, las mismas que llevan a ti el ocaso de alfabetos y la muerte entre tus piernas. La melancolía cosechada de las flores purpúreas bajo las solapas de mi piel, grita al unísono por pasión desmedida; por miedo y fascinación.

Los noches suelen hastiarse de algunas reminiscencias de vidas pasadas, de situaciones ajenas a esta vida o a esta realidad, de desvelos donde la orilla de la cama es capaz de reconfortar más que la endeble e innumerable soledad; las noches suelen hastiarse de sueños llenos de desdén y un poco de aromatizante con fragancia a frutos rojos.

Habría de cruzarme en tu camino, sin razón ni presunción, al atardecer, cuando la iridiscencia naranja es capaz de volver en vino la tinta del corazón y las venas; habría de hacerlo al anochecer, cuando la luna platea la vida y la muerte a la cual no(s) perteneceríamos.

domingo, enero 12, 2020

A momentos

A momentos se cierra los ojos buscando desaparecer, tratando de pertenecer al viento, al cielo y a las estrellas del más allá. Dentro de la obscuridad del universo resuenan escenarios iridiscentes, decenas y decenas de decretos sobre el alma y el cuerpo.

A través del hastío, con fervor, es como mostramos libertad y abandono, devoción y libelo; las sensaciones que palpitan dentro buscan florecer. Las horas mágicas buscando ser consagradas.

A momentos en los que se está ausente, presente, nos inundamos con los sonidos del porvenir, del devenir. Con la ausencia perpetua de la única salvación divina nos aferramos al sueño eterno.

A través de los dedos, de las yemas, es como escapan las reminiscencias pasadas; estas cubren centímetro a centímetro tu piel, tu ser; avanzan carcomiendo los sentidos y los impulsos. La agonía crece sin mesura consecuente, la hegemonía entre ser y alma se ha deplorado al vacío.

domingo, noviembre 17, 2019

y el firmamento

El sonido consume conforme el abandono recae sobre las melodías nocturnas. Termina la sensación de muerte y compromiso, los sentidos responden al vacío. El vino carcome al color de la vida y las heridas carmesí, el dolor recae sobre las sinfonías.

La alegría se arraiga a la primavera de la melancolía. Se destrozó el vínculo entre las canciones y el corazón; mueren los latidos y la pasión.

Si suena, todavía, el desvelo del corazón, la vida se encuentra con el placer; con las estrellas, la luna y el firmamento.

martes, noviembre 05, 2019

Envuelve la noche

La noche me envuelve mientras de mis manos y dedos escurren letras, dígitos; 
me envuelve mientras mi piel susurra al viento preguntando por tu desvelo. 

Mis piernas, mis pies... mi ser entero se estremecen al unísono de los latidos de ausencia;
mi ser entero nace y florece en el olvido, en el consuelo.

La noche me envuelve mientras estiro la melancolía anudada sobre mi espalda;
me envuelve mientras busco a tientas, a expensas de la soledad.

A ojos abiertos he de conocer por verdades y mentiras atadas a la superficie;
a ojos cerrados he de conocer a tientas, a ciegas y en plena obscuridad.

martes, septiembre 24, 2019

Incertidumbre

Los climax de la vida convergen con la transición y conjunción de experiencias y algunas reminiscencias mórbidas atravesando el magín. Recaen sobre los hombros y los párpados, sobre la espalda junto a las flores moradas enterradas desde el origen de la vida y el tiempo. Las memorias se arraigan a la esencia de lo genuino y lo real, ahí mismo donde encontramos sofoco y hastío por el mundo y el universo, donde la inmundicia sería capaz de enternecer una ternera putrefacta. La traición y el cinismo carcomen el cáncer chapado sobre los días y sus cloacas respectivas. Abandono y desdén, impío, se arrastra sobre las palmas y el saludo taimado, sobre todo lo que no se puede ver, lo intangible, lo etéreo.

Si bien he dado vueltas un sinfín de veces, jamás percibí sensación alguna de terror a la hecatombe con la que despertamos, con la que dormimos y soñamos ; esa misma que trasciende a las realidades en las que nos encontramos con los ojos cerrados, con la justa glorificación de ser el primer recuerdo al despertar. Las manos tiemblan y el pulso se acelera conforme los ritmos invaden mi alma, la época futura parece un recuerdo lejano, los matices y contrastes de los días llenan de melancolía hasta lo más banal.

La noche aguarda, espera con la inquietud de llevar tu alma a dondequiera que se le dé la gana. Despertar en Venus o no despertar, las ideas, cual colonia de mariposas, rebosan persuadiendo a todo lo que se le cruce, convirtiendo a los rascacielos en máquinas de velocidades, llevando el ópalo y el carmesí sobre troncos latiendo, sobre el árbol de las memorias. Pasa el tiempo, he vuelto a nacer, y aún no comprendo el contexto que llevo dentro.

miércoles, agosto 07, 2019

León y tigre

Donde la vida llama
donde la vida crece
donde la muerte hace
de la soledad una flama.

Donde te veo y encuentro
donde te pienso y pierdo
es donde concuerdo
que te llevo dentro.

Donde nos consume la ausencia 
donde me convierto en olvido
es donde me he convertido
con avidez por tu presencia.

Donde la muerte nace a medio verano
donde la muerte nos consumió noche
donde la vida parece reproche,
donde te tengo y no.

domingo, julio 21, 2019

Far far away

Habríamos de volar la noche entera, creando y colisionando entre las estrellas; bailando y remembrando la caricia y el tacto, las manos y el alma entrelazadas. Habríamos de ser parte del tránsito sanguíneo y de las conversaciones habladas por la piel, habríamos de rematar el celo y el miedo hasta olvidar nuestros nombres.

Habríamos de remontar al ser mismo, puro y en esencia, hasta que la noche nos consuma <nuevamente>, habría que hacerlo al filo de la media noche, a media luz y plena obscuridad, antes y después del llanto, antes y después de la realidad; habríamos de llegar tan lejos como el cielo lo permita, antes y después de perderse en la utopía del sí y no a la vez.

Habríamos de hablar de los encantos más profundos, llevando los impulsos hasta la punta de los dedos, hasta el inicio de tu espalda y la mía, hasta que nos convirtiésemos en una extensión del otro, un cuerpo y un alma vivaces; un canto y un llanto taimado, taciturno, perpetuo... irreal.

Habríamos de colapsar las memorias mórbidas, explorando el universo desconocido, la cosmogonía que se palpa sobre tus clavículas, el Venus y Marte que rodean tus caderas; el océano y el mar escondidos entre el relieve de tus labios; habríamos de encontrar el origen y el fin del universo en el beso en el que nos abandonamos... Tan lejano de la realidad y cercano de la distópica realidad...

martes, julio 16, 2019

Noche perpetua

Y si el alma trasciende, que sea sobre tu piel y tu tacto, sobre tus impulsos y los míos acordes a nuestra piel y el relieve de tus labios.
Que la noche nos invada y que las luces del resplandor esclareciente concuerde con las manos entrelazadas.
Que la noche nos haga parte de la obscuridad y que las estrellas nos vuelvan parte de la inmensidad infinita del universo; hagamos la noche y nosotros a ella; hagamos de la(s) velada(s) recuerdo(s) afines a la media noche.

La noche vuelve a encenderse, la búsqueda perpetua ha de colapsar en el momento en el que por fin nos encontramos, con notas afinadas al metrónomo de mis latidos y con sensaciones escurriendo desde los codos hasta la punta de los pies.
A ciertas horas se pierde la noción del tiempo, perderemos la razón; y si nos olvidamos con el alma de frente, qué importa si las manos mantienen en sus palmas sangre y gloria.

Hablaba de desgracia, del aliento antes de dormir y de precisar el tacto etéreo, menguado y lánguido que ha de sucumbir ante las pasiones suspendidas, ante las cenizas que remarcan las huellas de vidas ancestrales.
Hablaba del respiro al despertar y de la tragedia que corrompe los instintos donde te busco, donde te pierdo. Donde te tengo y no.

Entonces me encuentras, entonces te encuentro...

sábado, julio 06, 2019

1954

Si he de declarar fé hacia algo, lo haría retomando sensaciones, momentos e interacciones genuinas. Lo haría refiriendo todo a la presente necesidad latente de querer contentar al mundo entero, lo haría con la misma vehemencia a la que aclamo muerte a la noche. Hablaría del hatajo de cosas que corrompieron nuestros sentidos, nuestros impulsos; llenaría de melancolía el morado compartido que yace bajo flores, sangre, palabras y piel inexplorada. Hablaría de Venus y Marte; de la hegemonía del mundo y el universo; lo haría en silencio mientras me desvanezco.

Compartiría inexorablemente cada proeza vivida, cada reminiscencia olvidada; haría de la vida equilibrio...
Fluye sin detenerte, respira, recuerda y olvida... resplandece...

A veces es imprescindible vivir días en el fondo del océano, saciar el tormento, recordar los respiros después del coma; creer en la oda perfecta que se ha creado.
A veces es imprescindible evocar las sensaciones correctas, difuminar palabras bajo los artificios correctos.
A veces es imprescindible y, otras tantas, no.

viernes, mayo 24, 2019

Instantes correctos

De las manos se me ha escapado la certeza del arte de la muerte a media noche, mis manos y mis párpados decaen al ritmo en el que la noche me consume, en el que la vida me lleva a ser cenizas en el viento. Los latidos resuenan sobre el alma, el corazón se estrecha hasta que la noche colapsa; de respiros se trasciende.

De ojos cerrados se camina sobre el agua, sin vendajes anclados a las marcas de nacimiento, de párpados henchidos y pesados es como llueve. La avidez por el decir sí y no a la vez se arraiga a la desnudez con la que colapsaría el universo mismo, la misma con que se consumiría una hegemonía trascendental; si el tiempo existe, los recuerdos y las memorias se convierten en melancolía y frenesí.

La noche acaricia la vida mientras los sueños suspiran sobre los conscientes, mientras se ignora el entorno conocido y se es parte del cielo y del mundo, del aire y de cada elemento; del universo mismo. La vida acecha las caricias perpetuas que amarran sabor y olor a la piel, la vida se acaricia con la noche mientras seguimos fluyendo a través de los instantes correctos.

jueves, marzo 21, 2019

Universo distante

En tus ojos se esconde un universo oculto y menguado, capaz de crear y colisionar, capaz de extender su existencia hasta mi presencia. Tu piel, tus manos, tu tacto, conforman las galaxias esperando ser descubiertas, anhelando los impulsos de que han de generar las yemas de mis dedos sobre todos tus sentidos.

De noche y bajo la luna es como se añora la reciprocidad, con palmas abiertas y el alma de frente, con las ganas de reescribir la vida y sus porqués sobre tus ojos, sobre tu piel y tu sangre. Los impulsos que transitan mis días corroen la avidez con la que te imagino a tientas, a ciegas, en plena obscuridad, con el tiempo roto y los recuerdos forzados fluyendo a través de la respiración, de la voz que conformamos y conformaríamos con un trago de vino a labios cercanos.


Distancias inexistentes, parsimonia y fervor engullen en mis entrañas y mis pupilas; el aliento decae, las manos tiemblan mientras la vida transcurre hacia todos sentidos, si he de hablar y corresponder con el universo, entonces he de ser explorador y astronauta para proclamar y profanar el firmamento que, inmaculado, nos espera.

lunes, marzo 11, 2019

Delirios

Receptor de sensaciones, la piel que abandona prescinde de la vida,
del alma. La ausencia que acaricia lo que de ti queda, 
me conlleva a no saber pronunciar palabra alguna, 
a olvidarlo todo de mí, 
desde estos pequeños atisbos de realidad, 
hasta el respirar abrupto del estertor nocturno, 
seguido de espasmos y dolor en el pecho.

Me parece tan absurda la idea y avidez de la mente por querer confeccionar el universo y su entrañable creación; 
me parece tan absurdo, jodido y soez, 
añorar los buenos tiempos que pudieron existir.

Pintando los días carmesí, la sangre circula y aprisiona, 
desde la más angustiante soledad,
hasta los delirios que velamos  en desvelos obligados.  Cerrar los ojos es, también,
una manera de desaparecer, 
de quedarse a solas y en calma. Abrir los ojos es la forma más parecida del despertar, 
de fluir...

¿Y quién no se siente parte de olvidos?

viernes, febrero 01, 2019

Temporada

La sensibilidad sobre las palmas es la que nos hace percibir calores y sensaciones que provengan de otro tacto.
De poder hablar(te) con dicha sensibilidad, con dicha veracidad, habríamos hecho ya del firmamento nuestro mapa predilecto.
El mundo se sincroniza con el ritmo de la sangre que corrompe y asegura el origen del universo; la misma que transita a razón de sensaciones, y ciertamente algunos nombres.

Hablé de la manera en la que se puede llevar marcado el nombre en el corazón, de la manera en que, con el corazón en las manos y el alma de frente, se sujeta uno a la incertidumbre.
Las copas caen sabiendo que la lluvia carmesí manchará la base del mundo.
Entonces la vida trasciende.

Que se forme un diálogo interminable en el que se trata la manera en que habría(mos) de sujetar(nos) al aire.
Cara a cara, ser con ser; con el alma entrelazada y la extenuante muerte de la temporada. 
Que se creen memorias donde consagremos lo impío, lo inmaculado.
Con el tacto a flor de piel, con los latidos al ritmo del viento.


El cuerpo reacciona, los párpados caen mientras tu mente se nubla con tormentas, con la necesidad de calma. Respirar para vivir, para morir; los latidos se aceleran mientras piensas en la lógica de un sueño, mientras permaneces en mis pensamientos.

jueves, enero 24, 2019

Perspectivas

Terminar con manos al cuello, sea por arrebato o sólo el hastío perpetuo que se convierte, día a día, en el pasatiempo favorito. Las manos tiemblan y estremecen conforme la sangre recorre el cuerpo a raudales, subiendo lentamente el desenfreno. Los ojos vuelan dispersos buscando encontrar colisiones, sean labios o planetas,  dándole sentido a la muerte.

Existe un delgado trecho entre el pecho y los latidos, estos conllevan ritmos y palpitares al son de la media noche, al metrónomo de asfixia y primer atisbo de realidad. Cerrar los ojos sólo para desaparecer, convertirse en cenizas mientras el tiempo se detiene; cerrar los ojos para despertar, para olvidar.


Al final se percibe el último entorno conocido, los pies desfallecen. La ligereza del aire te sujeta por el alma, te vuelves uno con el viento... te desvaneces ... 

martes, diciembre 04, 2018

Zeta

Los latidos se aceleran a causa de estruendos externos, sean por arbitraria realidad y la jodida ambigua ironía, la misma donde, y con manos llenas de vacío, habríamos de encontrarnos en mundos y espacios paralelos. Los latidos son los que denotan lo que en las sensaciones detona, en estos mismos es donde el tránsito sanguíneo conlleva evocar lamentos que se traducen en palabras escurriendo por los dedos.

Las palabras transitan sobre la piel, surcan de manera salada agonía y ausencia, abandono etéreo donde sigo consagrando memorias inexistentes de nuestro colapso delante del mar. Las palabras mueren a cada instante.


Mis palabras mueren a razón de la indiferencia, nos mostramos desnudos y vendas en los ojos; con el alma de frente y el corazón en las manos; nos mostramos sin temor alguno hasta que las palabras muertas nos alcanzaron.

jueves, octubre 25, 2018

Reminiscencia 64

Los detalles pequeños, imperceptibles, son los que conforman cada recuerdo. La manía de todos radica en querer preservar hasta lo más irrelevante.

Los recuerdos mengúan conforme la noche invade, conforme la obscuridad te envuelve con el frío invierno perpetuo arraigado a cada afamado corazón.

El alma resplandece a media noche, sucede cuando la melancolía se tatúa bajo la piel, lo hace en forma de flores purpúreas.

Los colibríes, tan glaucos e inmaculados, vuelan sobre el campo taciturno postrado sobre mi espalda. El universo que creamos colapsa con la distópica realidad.


Detalles pequeños que conforman los recuerdos que perpetuamos, con piel desnuda y al filo de la media noche, se hacen presentes cuando el frío impacta contra mi espalda. Cierro los ojos y pienso en la muerte arraigada a mis pupilas; respiro y pienso en la vieja utopía donde todo florece... desaparezco...

viernes, octubre 19, 2018

Maybe not

La calma y el llanto se sumergen en el reflejo de dos lunas; teléfonos sin respuesta. De reminiscencias tan irrelevantes como el ondeo de un mechón se llena la conciencia, tanto como quepa en la palma de las manos y los bolsillos disponibles; remordimientos perpetuos.

De manos abiertas se escurre la vida; desolación abandonada. El arrepentimiento arremete cuando la melancolía aparece a media noche carcomiendo, de manera soez, las ganas de respirar por convicción.

El alma también se hace dulce y amarga según la divinidad presente demande, el último momento perpetuo es en el que, con brillo iridiscente, la noche articulada y menguada cae sobre la columna vertebral; la obscuridad fascinada por la desnudez que comienza por las retinas. De llanto inmerso en catarsis y conmoción se hace la vida.


Las palabras colapsan donde el hastío encuentra el punto de quiebre, las copas caen mientras desgarrando  centímetro a centímetro la piel, mientras el mundo a nuestros pies se tiñe violeta. Hemos de llevar la gracia y gloria resplandeciente de Venus sobre la espalda, tatuada sobre cada constelación inexplorada esperando el momento en el que, de pasiones ajenas e intensas, viva y muera una vez más.

sábado, agosto 25, 2018

Frantic

Realidad tan ambigua y relativa, consecuencias que se objetan y presentan incluso cuando hay soledad inmersa en muchedumbre. Seguimos caminos sin esperar respuesta o algo a cambio, dentro del abandono se encuentra la calma y, bajo los trazos muertos de un recuerdo, encontramos el orden del caos.

El tiempo se detiene bajo nuestros pies, llevamos marcas de melancolía que se hacen presentes y latentes cuando el corazón late y palpita en medio de nada o nadie. Daría de mí lo que te has llevado, te quedas con mi aberrante ansío por la muerte... la muerte la conocí en tus labios y en tus brazos, en el afecto de media noche y en la distancia que persiste dentro de nuestras pupilas.

Ahora que las hojas caen es cuando me percato que existes por instinto más que por convicción. Hablé del tránsito en mi sangre, de las marcas y trazos que se mantienen al son del amanecer; hablé de aprender a corresponder al filo de la media noche. Los latidos se vuelven pesados, arraigan reminiscencias sobre la piel, trazos y recuerdos guardados como memorias de tacto que florecen cuando se encuentran con nuevos labios.

La noche atestigua de qué van las esperanzas muertas y las lagrimas que carcomen la obscuridad. ¿De qué sirve llevar y sentir tanto si para el mundo sólo se trata de un jodido chiste? ¿Dónde queda el tiempo de los asesinos donde se consagró la pasión?

Que el sentido de los días quede envuelto en júbilo, que este quede grabado en cada gesto donde, y con palmas abiertas, se desfallece de amor; que sea ahí, que quede con los fantasmas de las fotografías que no mienten respecto a los hechos; que quede ahí mismo donde callo llanto al dormir con la ventana abierta.

Duermevela junto a todo lo que pudo existir y ahora no es más que el desdén de las sonrisas muertas. A veces en mí recaen las ganas de destruir mi misma existencia.

Duermevela a mi lado, que hemos de despertar hasta que el hastío nos haya rebasado, cuando de nuestros recuerdos broten flores y melancolía.