martes, noviembre 18, 2014

El sonido del viento

No olvides apagar la luz, cerrar los ojos, dejar a flor de piel cada uno de los sentidos. Jamás olvides escuchar el sonido del viento, el susurrar menguado que circula por nuestros pulmones, por nuestros corazones. Verde y café para recordar aquello que no sucederá nunca. Y digo nunca porque alguna vez alguien dijo que dicha palabra termina por herir a los más inocentes. "Respiro y entonces... desaparecen mis sentidos..."

Aún asomo la cabeza por la ventana mientras veo/escucho la lluvia que escurre por tu mirar. Nunca olvido guardar silencio sólo para callar aquello que he guardado tanto tiempo. Sé que es momento de gritarlo pero no encuentro la manera etérea para dicha proeza. Ciertamente, me he dedicado a leer aquello que fue arrastrado a tu nombre, a tus recuerdos, a tus pensamientos. Rememoro cada trazo que fue parte vital del clímax donde yo canté a mi dulce conciencia. Donde el Ecuador converge con cada uno de los trópicos que rigen mi cabeza. El corazón en la nevera, los guantes de niño y los impulsos fríos están corrompiendo mis entrañas. Observo el escurrir de la tinta de mis venas y la manera efímera en la que se desgasta.

Soy melancólico hasta las pupilas y me gusta escudriñar de lo lindo hasta tal punto en el que podría retorcer la mezcolanza más palpable. He de querer arrancar todos esos impulsos inquisitivos que perturban las horas de madrugada que paso en vela. He de querer crear conciencia hasta en el detalle más mezquino de la noche articulada. He de joder a todo lo que se pueda sólo por mera fascinación. Soy egotista. Abro mi mente a la incertidumbre y me sumerjo en el mar de tinieblas sólo para encontrar el recuerdo en el que te sostuve en mis brazos mientras todos se movían dentro de un mar salado... No olvides escuchar el sonido del viento, pues le he dicho a los árboles que cada noche susurren cada uno de mis pensamientos en tu regazo. No olvides escuchar el sonido del viento, pues entre sus suspiros van los míos...

sábado, noviembre 15, 2014

Mercurio y Venus a. C.

Un buen día vino a mí la curiosa pregunta del pasado antes de nuestra "nueva" era, es entonces por lo que pretendo desentrañar y disipar todas y cada una de las dudas. Vino a nosotros de manera terrenal mientas los planetas se alineaban al par del Sol, de la Luna. Entonces había dos interesante identidades desconocidas que se movían entre las masas, sus nombres, Mercurio y Venus... Habrá quienes se preguntan si en verdad hubo un renacer en la era y la época, abogando, que no hay un hecho memorable para decretar semejante proeza y ante sólo puedo decir que si la respuesta es etérea, entonces sí existió dicho cambio radical.

La vida de aquél entonces no eran en absoluto parecida a nuestra presente "realidad", entonces en verdad los hombres habitaban la Tierra, vivían por y para ella de una manera perpetua. Me atrevo a decir que la armonía ficticia de aquella época no estaba manchada con el nombre de Dios, porque si Dios no es amor, no tiene sentido alguno que exista; cada ente que era parte de nuestro macro y microcosmos tenía aquello que merecía. Pero por la mala conciencia que empezó a gobernar sobre la sociedad fue entonces que todos se volvieron inhumanos, se convirtieron en bestias irracionales que degeneraron el ciclo y evolución de la vida.

Por semejante razón fue entonces vino el sacrificio "divino" que ha sido y será el cataclismo efímero de la humanidad, de la conciencia humana, de los ostentes que han estado marcando el cambio de horario. Vino el devenir del magín subordinado y entonces, con sangre derramada, se perdieron las hazañas que pudieron haber sido el mejor recuerdo para aquella época...

Mercurio y Venus decidieron desaparecer del mundo al cual estaban destinadas a habitar y mandar a todos los badulaques cabeza de albañal directo al mismo infierno, es entonces que se postraron como el inicio de una constelación, siendo entonces que ambas son la verdadera reencarnación de Cristo en nuestra época.

lunes, noviembre 03, 2014

El tiempo de los asesinos

Me atrevo a connotar mis pensamientos utilizando aquellos que alguien alguna vez pudo llegar a crear. Hablando de las viejas proezas que se quedaron inmiscuidas dentro de mis retinas. Miro el reloj mientras estoy derrochando palabras como raudales a través de la ventana. Pienso en la vieja manera del romanticismo y en cada uno de los poetas que dieron su vida sólo por llegar a formar un cosmos inmenso dentro de los recuerdos de alguien más. Pensando siempre en cada detalle para abarcar el orificio más pequeño. Esa era verdadera poesía, la que te hacía encarnarte dentro de cada letra y que te hacía hervir la sangre. Pero hoy el mundo gira hacia un lado tan opuesto que entonces aquellos que son "poetas" tienen la equivalencia de un ardite.

Hubo razones y momentos en los cuales la intención no era ninguna otra más que seducir la perfecta figura femenina, con cada uno de sus encantos, lisonjear de lo lindo hasta el más hermoso defecto porque en verdad se tenía la percepción homogénea de la vida. Contemplar la belleza de esta mientras imaginas qué tan inmaculado sería ver el resplandor del universo a través de sus ojos. Crear situaciones y sensaciones que son capaces de sentirse a través de los sentidos, de los latidos, de cada respiro, de cada gota de sudor, de cada grito de placer y agonía. La poesía tenía el propósito de llegar a crear tal comunión que dos mundos colapsaban junto con sus lunas creando así la paradoja idónea de la vida, esa donde cada uno tiene la capacidad de remontar al otro hasta el paraíso.

Y es por esa sublime y efímera razón por la cual me declaro parte primordial. No soy quién para darme semejante etiqueta pero sé que soy ese quién que podría reiniciar la revolución. Comenzaré creando conciencia de cuál es la jodida realidad a la que nadie quiere ver cara a cara. Dedicando palabras capaces de chapalear en cada centímetro de su piel. Diré entonces que me encuentro sumergido en el océano de su mirar, que no le tengo miedo a la tormenta porque aún falta tanta calma por festejar. Diré que pretendo ser el recuerdo que quede impregnado justo al amanecer, mientras la hegemonía del mundo vuelve a su lugar...

Dicen que el verdadero poeta, quien es capaz de fundir los corazones de los humanos, quedó muerto hace más de dos siglos. Sé que aún hay esperanza porque hay aquí una manifestación ecléctica de lo que es la jodida poesía, esa que relaciona las caricias con el alma y el cuerpo. Soy quien es capaz de hacer que todo ser se remonte al cielo.

domingo, octubre 19, 2014

Alabastro de espíritu

Hablando de conciencias, suelo hacerme la misma pregunta. Las palabras resuenan en mi mente y escucho las conversaciones atónitas que mantienen aquellos presentes y ausentes. Divago dentro del mar de tinieblas que estoy condenado a cargar sobre mi columna vertebral, y veo cada gota caer en busca del mar salado, de la base del mundo. La copa que sostuve se ha desprendido de la jaula y es entonces que carcome mi ser desgarrando cada centímetro. Los estragos de una noche estrafalaria aún están corroyendo mis sentidos, y aunque no hay un descanso etéreo para mi situación, puedo dar media vuelta sin decir adiós.

Estoy escásamente a cuatro días para volver a ver mi realidad. Aún no estoy del todo seguro sobre esta situación. Entraré por la puerta principal, porque es evidente que soy el invitado más importante, y caminaré hasta los miligramos que rompen la línea de la ficción. Aún soy ansiedad y depresión remarcada en mi brazo izquierdo, porque aunque dichas marcas se han desvanecido, habrá una mala racha en la que volveré a terminar bajo la cama. Desenterrando todas las cajas de zapatos que he ocultado por mera fascinación. Esclareciendo con las luces parpadeantes como prueba atroz de que pronto volverán.

Estoy aquí, sin nada que dar o algo que recibir. Me he puesto mis mejores ropas. He atado mis cordones y he anudado mi corbata. He recortado los recuerdos que escurren desde la punta de mis dedos y he manchado al mundo - con el corazón en las manos - de carmesí. Pretendo hacerme presente sólo con los latidos aterciopelados. Estoy aquí, listo, sin miedo alguno, me he desprendido de mí mismo, he abandonado mi cuerpo.

Mientras la atmósfera me consume, vuelvo a resurgir de entre las cenizas con la ferviente idea de crear la revolución que estamos esperando. Sólo basta con cerrar los ojos, respirar. Y entonces es hora de despertar...

lunes, octubre 06, 2014

Yo canto al Ecuador

Días tras día el mundo extenuado se va degradando un poco más. Está repleto de conciencias infames y pusilánimes. El mundo, ahíto de cómo es la vida conforme caen las hojas de los árboles, ha profanado la herida más profunda, pretendiendo que pronto dejará de sangrar, que girará al compás del tiempo y el espacio porque habrá tal unificación que no se requerirán más instrumentos de medición. Aún puedes gritar a los mil vientos lleno de mil demonios ¡Aleluya bendito Dios que no eres más que parte del polvo estelar al cual todos estamos sujetos!, ¡Aleluya he dicho, que si debo algo a alguien, es a ti en tu "omnipresencia" irreverente!

Cada día, retomando el viejo asunto, pasa conforme lo ha indicado la vida morigerada. Dicha agonía afamada por la sociedad sólo es un estrago más del chancro al cual nos hemos inmerso. Si miras con atención, podrás ver a las larvas pululando y carcomiendo las buenas intenciones. ¡Al carajo todo!, ¡Al carajo he dicho! Vamos maldita ciencia cierta, aún hay un sinfín de incógnitas que podrías resolver si tan solo miras dentro de mis pupilas.
Llevo conmigo la respuesta que todos están esperando. Sé que llegará el momento en el que todo resonará de aplausos, a tal grado, de que mis oídos quedarán constipados por versos encandilados. La escoria que he guardado en mis frascos de bolsillo ha llegado a su punto terminal. Es momento de renovar dicha bazofia por algo aún peor.

He dicho peor, porque ahora tengo en mi mano izquierda un manifiesto donde queda asentado que seré aquello que todos quieren que sea. Si me dicen que soy cortés, entonces seré cortés. Si dicen que soy un desgraciado malparido, entonces me convertiré en un verdadero hijo de puta que sólo tendrá en mente la semblante idea de fastidiar de lo lindo.

Seré el reflejo de aquello que los demás anhelan, seré tal, que ya no habrá uroboros. Tal, que el maldito complejo de crucifixión será tatuado en la nuca de todos. Llegaré a tal grado que me convertiré en mesías sólo para decirle al mundo que está deplorado. Les diré entonces que su única salvación está en recurrir a la vida a escala de grises que viven ignorando.

Será entonces que habrá un nuevo surgir, uno donde no habrá que mirar hacia ningún lugar. Será entonces que podré desvanecerme y volverme parte del cosmos... Soy polvo estelar y seré etéreo... Me convierto en constelación. Partiré mañana... Mañana...

viernes, octubre 03, 2014

Precipitado

Me he encontrado envuelto algunas veces más, caminando con los recuerdos de los estragos que ocurren antes del amanecer, con un cuaderno lleno de notas rosas y algunas calamidades que sólo se pueden leer entre líneas. Con la persecución  mientras los sonidos atónitos difamaron la mala vida. Caminando con los recuerdos de un antiguo ser que dejó de prevalecer en el fondo de mis retinas. Con las viejas agonías de un viaje inesperado en el que no hay punto de retorno, donde no hay un punto de salida. Un viaje perpetuo en el que el marcar del tiempo ha quedado fuera de contexto porque aún soy tan impuntual como un reloj roto.

Pensé en escribir acerca del viejo París que no conozco, que contemplé bajo las lunas de Júpiter mientras Saturno se decepcionaba de mí. En escribir sobre el viejo continente y en su mala manera de sonreír mientras caen las hojas de nuestras conversaciones. También pensé en prolongar cada sensación como solía ocurrir en los viajes en bicicleta donde no importaba nada que no fuera el viento acariciando mi rostro. Y más aún, pensé en sembrar la semilla del olvido en cada uno de tus pensamientos, en querer conocer más allá de tu nombre. Pensé en querer llenar de recuerdos y sensaciones que podrían cosecharse justo antes de que salga el Sol...

No hay manera para decir que eres la sensación que queda en mi pecho después de cada encuentro. Por ahora dejo de armonizar con los latidos que podría sostener entre manos sólo para decir a todos de una buena jodida vez que ya no preciso el ocaso ni mucho menos el destello resplandeciente de tu piel. Sólo, y por una buena razón, pretendo ser parte del universo, ser parte de la cosmogonía que envuelve a todo aquello que existe y que dejará de hacerlo. Soy la parte mezquina y mórbida de la mala vida morigerada que nadie se atreve a encarar. Sé que estaré para admirar de nuevo el renacer del mundo, y mientras eso sucede, me mantendré con el recuerdo de sólo esa vieja conversación que sostuve con la mirada, que hablé por la piel...

miércoles, septiembre 24, 2014

Amarillo iridiscente

En un abrir y cerrar de ojos nuestras pupilas se perdieron. El color crepuscular quedó impregnado en nuestras memorias, en nuestros costados, en nuestras retinas. Las flores se derramaron lentamente mientras el brillo a nuestro rededor comenzó a esclarecer las ideas. Viejas conversaciones salieron a flote dejando cierta sensación escarlata en el ambiente. Las máquinas con ruedas ahora son parte del escenario y nuestra obra es magistral...

<<Comenzando siempre con la manos derecha (quizá la izquierda), y con sensaciones que recorren el ser entero dejando el hálito que escurre por la columna un poco más expuesto. Te fastidias de lo lindo mientras el estupor de la noche vuelve de manera taciturna sólo para hacerte recordar cuál es el color que se ve a través de su mirar...>>

Volvemos entonces al sitio donde comienza el origen del macrocosmos, y es entonces que la cosmogonía converge desde nuestros codos y escurre lentamente hasta que se tiñe de violeta. Llevamos sangre bajo la piel pero ya no importa más, pues el punto de salida está tan cerca que quizá no hay necesidad buscar. Llevaremos flores no sólo bajo las solapas de la piel. No. Las llevaremos en cada uno de los sentidos. 

miércoles, septiembre 03, 2014

Melancolía

Me embriago con la noche articulada, con el recuerdo de una vida morigerada y con los detalles extenuantes de tu cándida sonrisa. La luna, quien muestra su lado más rojo, es testigo de mi testimonio, de cada una de mis proezas. No hay gran divinidad y las grandes atalayas ahora quedan sumergidas y suspendidas dentro del océano. Pienso en ir a algún lugar donde no hay ritmo para los latidos, donde se pueden quedar todos los impulsos dentro de la nevera. Un lugar para no existir. Un lugar donde no hay necesidad de respirar, sino de prevalecer. ¿Por qué?

La mímica que palpita en mis manos ahora está un poco retorcida y cada letra que es arrastrada durante la buena jornada queda impregnada junto a la marca que ha dejado tu perfume, junto al recuerdo de tu mirada. Miro hacia afuera a través de la ventana y las nubes rechinantes me hacen querer explotar. El destello nocturno siempre ha de estremecer hasta nuestras ventanas, hasta nuestras almas. Y ahora mi piel erizada me muestra el camino de regreso.

Observo las marcas que quedaron arraigadas a las zuelas de mis zapatos. Miro entonces el nudo que está cargado sobre mi columna y hago calumnias irreverentes sobre una mala remembranza. Escucho sonidos atónitos que provocan el hervor en la sangre y respiro (por mero instinto) mientras me consumo lentamente y me desvanezco en tus recuerdos.

Soy parte de tus impulsos y de tus instintos, soy todo y soy nada. Soy la parte más marginal. Soy la parte mezquina. Soy ansiedad y depresión y llevo por nombre melancolía.

lunes, agosto 04, 2014

Descontrol

Aunque no entienda ni un sólo símbolo, seguiré queriendo que mi corazón palpite. Siempre hay una rara sensación, como si arrancaran todo aquello que es importante, y no sólo por el hecho de sentir y pensar que podría cambiar el girar de las manecillas del reloj. No. Quizá hay cierta inquietud en la manera perpetua, quizá el sentido está rotando de manera inmaculada sólo para entonces un día resurgir de nuevo delante del mar. Con el desorden de las luces brillantes alterando todos los sentidos. Con los momentos psicóticos donde las marcas quedan punzando mientras la sangre se oxigena con el ambiente. Quizá la vuelta ya está completa pero no hay quien para admirarlo y puede que el nombre sobre la arena siga escrito y aún no lo estén observando.

¿Qué se supone que significa todo esto? Hace tiempo que los soliloquios han estado presentes, con peroratas interrogativas y demás conjunciones funestas. Me pregunto entonces de nuevo cómo es que sucede, mirando al rededor sin vendas ni nada semejante. Se trata simplemente de observar mientras la situación aumenta. Hemos de perder entonces hasta la cabeza, pues el cuerpo será quien hable. Hablará con conversaciones por el tacto y por la piel. Entonces habrá semejante brillo como el que se aclama desde el espacio, tal y como el origen del cosmos. Junto a todo esto viene la fisionomía de cada sonrisa, de cada caricia, de cada proeza. Brillará tanto que no será necesario encender la luz.

He comenzado a seguir el camino que llevo entre las manos. Cada perfecta y aleatoria marca sólo con un propósito en mente. No hay marcha atrás dentro de el último girar, el más importante. Sigo pensando el llevar lo más importante y antes que nada, no debo olvidar amarrar los cordones de mis zapatos.

martes, julio 29, 2014

La Vida Perdida

Mirando al cielo, cerrando los ojos por pequeños instantes, pensando en las casualidades y en todas las posibilidades es como me encuentro. Buscando maneras imprescindibles de morir o de al menos dejar la marca postrada sobre los párpados. Siempre sucede a la media noche, mientras el color de las sábanas gastadas me recuerdan esa linda manera de corresponder.

Hoy es el día que de cierta manera estuve esperando, con los párpados hinchados y henchidos de más lágrimas. Con cada gota que surca los labios marchitos, la columna vertebral. ¿Habrá entonces por fin una respuesta? Aún sigo gritando a todas direcciones, exclamando por aquél que ha de menguar la noche articulada, que ha de ser omnímodo.
Nadie se atrevería a mirarlo a la cara tan sólo por un instante...

Me encuentro de nuevo con los ojos abiertos, con el destello del cielo esclareciente, con el destino y la mala manera de sobrevivir. Sin encontrar siquiera una sola marca sobre la nuca. Con los ojos abiertos a media noche mientras mi cuerpo aún se consume en cenizas mientras sigue tu aroma tan tibio, latiendo junto a mis impulsos.

Miradas taciturnas, circuncidadas por la vida misma. ¡Al carajo todo lo demás! Se trata tan sólo de obtener la respuesta sea cual sea. Sin más regresiones ni remordimientos, sin rencor alguno. La mala fama a la que la sociedad está acostumbrada siempre estará pululando desde las cloacas pero al menos por una vez hay que dejar atrás ese contraste en la vida y la muerte, entre la agonía y la felicidad.

No hay marcha atrás, se trata de las pequeñas escalas que nadie ve y para eso estoy preparado. Llevo puestas mis mejores ropas, mis botones de manera perpetua y mi corbata anudada. Mis bolsillos derraman mis recuerdos y la tinta de mis venas escurre por mis muñecas.

miércoles, julio 02, 2014

La noche articulada

Entonces, no sé si existo. Todos hablando de la inmundicia de la sociedad y de los miedos que están arraigados al tacto, a los sentidos, a los poros. Cada miedo permanece latente, y no es situación que deba incomodarme porque, sea cual sea la ocasión, han de estar carcomiendo al mundo entero. Miedo a la muerte y peor aún, miedo a la vida. Una delgada línea de la cual penden ambos estados catatónicos, el descanso eterno. Sueño con respirar, con sentir, con querer converger delante del mar. Vivo en el sueño eterno el cual me arrincona de una manera irreverente, efímera, hosca, maliciosa, repugnante, lúgubre. Pero no hay vuelta atrás a todo lo que sucede con el pasar del tiempo, dicho elemento intangible que es lo único real que es verdadero. No hay una dimensión correcta ni una pizca de certidumbre en la percepción del mundo, sólo hatajos de luz y un ligero atisbo de sanidad.

No duermo, no pienso, no siento, no respiro. No estoy ni estaré porque no existo. Me he desvanecido de entre los recuerdos del mundo. Ya no hay remembranzas ni reminiscencias que puedan menguar esta mala melancolía. La vida mermada ha caído sobre nuestros párpados como pesados copos de plomo. Podría llenarte los intestinos de plomo y de cualquier otro metal que se ha de adherir a la vida coloreada. Pero no estoy aquí por dicha razón, no. No estoy seguro de existir en esta constelación o en alguna otra, ni siquiera estoy seguro de ser la mano derecha de Dios. Sólo sé que en este preciso instante no hay girares inesperados. Tenemos el recuerdo de las conversaciones que se hablan por el tacto, por la piel, por los labios. Tengo las sensaciones derramándose de mis bolsillos y justo eso es lo que he estado esperando. Una genuina casualidad.

Abro los ojos, respiro lento, camino sin prisa, te pienso, te respiro en mis sentidos, en mis latidos. Estoy aquí, justamente donde empecé siendo un niño. En el lugar donde corté mi cordón umbilical y, sé que estoy aquí por una fortuita razón. Divina melancolía que es la genuina inspiración.

lunes, junio 02, 2014

Más allá del final

Alguna vez fue que tuve los ojos henchidos de radiantes desesperaciones, de situaciones, de sensaciones, de vida. Con cordones desamarrados y camisas desabotonadas, con las manos sobre la cabeza y el corazón al filo de la piel. Con la sangre escurriendo por mis codos. Con el verde y el café de la vida. Con el bosque en el que pretendo perderme para no volver. Siempre con todo lo importante derramándose de mis bolsillos vuelvo a hablar ante ti.

Navegando siempre con el carmesí de los recuerdos aún latentes en mis impulsos. Navegando a la deriva, esperando justo al otro lado con brazos abiertos esperando sin expectativas ni escrúpulos. Nada de nimiedades ni un hatajo de cosas mezquinas irreverentes. Escribiendo sin versos, hablando sin rimas, renovando las esperanzas. Respirando y perdiendo todos los sentidos.

Giro mi cabeza, tan sólo un poco más, y es entonces que cada recuerdo mancha mis ilusiones, mis pensamientos. La tinta que surcó tus labios marchitos hoy de nuevo tatúa flores bajo mi piel. Sin dormir por pensar y perderme, por mera fascinación. Hablando de aquello que pudo suceder en vidas pasadas, justo cuando la boca se llena de palabras con elocuencia, con gracia, sin razón.

Esas son todas y cada una de las ideas que están corroyendo mis entrañas. Aún paso horas levitando mientras la atmósfera me consume lentamente. Sucede todo en un parpadeo, en un instante.

Y mientras las letras escurren por mis dedos, es que yo me quedo sin palabras.

domingo, mayo 18, 2014

Aire

Cierro los ojos y escucho mis latidos, respiro hondo y siento el repiquetear de la sangre contra cada uno de mis suspiros, de mis sentidos. No hay punto terminal en la situación. Siempre hablando de comenzar y avanzar cuando en realidad sigo con los ojos cerrados. Debería detenerme, no tratar de mostrar al mundo una manera de ser y existir. No debería. Todo radica siempre con el clímax de cada situación, con situaciones y recuerdos irreverentes que siguen latentes en cada respiro, en cada parpadeo, en cada paso que doy. En todo. Situaciones adversas que suelen hacer girar al mundo de una forma divergente y convergente a la vez. Se trata siempre de un solo hecho, el hecho de vivir y decir sí y no al mismo tiempo. Sin titubeos ni trampas de emergencia. Te llevaré a lugares inimaginables si tan solo me permites arraigarme a tu tacto, a tus impulsos, a todo.

Como siempre se trata de una forma con malas consecuencias y entonces me pregunto “¿Qué es lo que harás?”, pero de nuevo no tengo respuesta. Adiós a todos aquellos que pensaron que la vida no vale ni un ardite. Adiós a todos aquellos que no comprenden la mímica que surca mi piel. Adiós a quienes olvidaron la simplicidad de respirar. No hay más.

Cada ocasión pareciera una carta suicida en donde divago sin camino ni dirección. Y no lo digo por el hecho de haber intentado decir adiós de alguna manera semejante. Recuerdo la manera en la que mi cuerpo se mantuvo suspendido, al menos por un instante. La fuerza que rige el eje de mis elementos se perdió con cada instante y entonces cierro los ojos esperando no volver. Los abro de nuevo sin la oportunidad siquiera de renacer, sólo se trató de un parpadeo. Uno muy largo…

Me mantengo con la convicción y la mala fe de aquella ocasión. No es ni será momento oportuno para el descanso eterno. Aún no, por dicha razón es que no me importa qué venga con el pasar de los años o de los días y las hojas en el calendario. Sigo y persisto aún con mis deficiencias que entre las cuales resaltan la maliciosa maldición de no escuchar nada que no sean mis latidos. La misma maldición de no hablar a menos que sea para mis adentros. Siempre lo lamentaré tal vez, pero no vivo con las expectativas de las especulaciones que estoy haciendo a cada instante. Siempre siendo monsergas interminables y peroratas interrogativas sobre maneras etéreas y efímeras del mero existir, de la jodida vida a la que nos hemos amarrado con el lazo de otra pequeña maldición llamada juventud.

He ahí el mal de males que acongoja a la mayoría de los entes que recorren el mundo a bocanadas fervientes. Y más aún, por aquella razón de querer comer cuando aún no es momento del desayuno. Aún estamos convergiendo juntos en el crepúsculo. Justo antes del amanecer. Justo en este preciso instante, giro el cuerpo que yace postrado sobre la rigidez de una almohada. Te pienso, te siento, te respiro pero no te encuentro. Caminaré siempre al despertar y continuaré siempre con la ambiciosa idea de ser egotista.


Es justo ahora, antes del amanecer que vengo a hablarles a ustedes sin algo bajo las mangas, sin vendas sobre los ojos. Vengo como llegué al mundo, siendo sólo un hombre…

martes, mayo 06, 2014

Cartas a...

Siempre nos preguntamos cuál es la manera correcta de comenzar cuando, en realidad  hay un sinfín de maneras correctas. Empezando la sinfonía para mis adentros, con los recuerdos que se transpiran en mis entrañas, con las reminiscencias que escurren desde de mi mentón. Con cada zozobra que está ahora, que persiste y palpita al ritmo de nuestros impulsos. Estas son formas de comenzar las cartas que van dirigidos a todos aquellos que tienen fe en la revolución, que piensan que el mundo puede ser algo trascendental. Son cartas que corrompen partituras y proclaman frases altisonantes, son cartas que no quedarán en el olvido.

Me dirijo a todos aquellos que aún tiene fe. Me refiero a ella que sabe cómo encender la luz a cada instante, a él que a pesar de las situaciones siempre mira con los ojos en blanco, con la mente fría, con los sentidos rebosantes de alegría y despojo, con los sentidos llenos de felicidad y abandono. Con la respuesta de un sí y y un no al mismo instante.

Siempre nos preguntamos cuál es la manera correcta para renacer, en realidad hay muchas maneras correctas, pero yo prefiero aquella en la que intervienen las cenizas de mis agonías empapándome el alma. Chapaleando en mi sangre como un ave ferviente que asimila aquello a lo que tú llamarías rebeldía, libertad, antagonismo y homicidio público. Somos partes mezquinas y sobresalientes al mismo tiempo. Llenas de más y más remembranzas que inundan los párpados, que los llenan de un mar salado. El mismo que escurre dentro y fuera de mi alma.

Es como cada gota que nos cae desde la punta del fin del mundo. Las mismas gotas que nos llenan y nos dejan vacíos, que nos recuerdan qué tan dulce es la conciencia. Las mismas gotas que están presentes relacionando cada tipo de augurio con un reflejo de soledad que embriaga a la mente. Esa es la parte primordial que suele quedar perdida y vacía. Adoremos dicha soledad que siempre sabe como decir adiós sin remordimientos.

Siempre nos preguntamos cuál es la manera correcta para hacer grandes cosas pero ya no hay por qué arrasar con tantas incógnitas. No. Basta con cambiar de frecuencia. Basta con mirar el carmesí de nuestro anochecer. Basta con acariciar tus latidos mientras las hojas caen a nuestros pies... Basta con el recuerdo de aquella conversación que sostuvimos con la mirada...

martes, abril 08, 2014

Irremediable

Eres cada gota de inspiración que circula por mis venas. Somos partes homogéneas que se mueven al son del anochecer, con canciones recónditas llegando a lugares dentro, tan dentro que podríamos requerir más de una sola lámpara para vislumbrar siquiera un poco de piedad. Las cosas siempre van de la mano de el pacto etéreo entre la dulce agonía y la marcada melancolía.

Escribo siempre sin siquiera saber cuál es la manera correcta para pronunciarlo. Es libelo, de ese que escurre desde los codos hasta la punta de los dedos. Se escurre tanto que podría abrazarlo y entrelazarlo con tan sólo estirar los dedos meñiques. Como la pista de baile que resuena para mis adentros. Como las gotas del delirio a cual nos hemos visto inmiscuidos. Siempre con maneras perpetuas, donde estamos presentes, estamos ausentes, estamos sin ser.

Somos mórbidos e inestables y siempre nos has gustado permanecer. A todos nos gusta permanecer de alguna manera y la mía siempre es de las formas más raras que podría haber. Caminemos entonces hacia la incertidumbre, no necesitamos de boletos de ida y vuelta para poder andar así. No necesitamos nada más que aquello que quepa en los párpados. Aquello que pueda derramarse cuando sea imprescindible.

Las cosas siempre aparecen como elementales y complementales. Sólo puede haber dos clases de rasgos, una especie de jerarquía finita y monumental. De tamaña magnitud que no alcanzaría la imaginación de toda la sociedad para comprenderla. Se necesita un magín irreverente y una desdichada cordura que es capaz de arrasar con la vida morigerada que está aquí y ahora, a cada instante, en cada momento, en cada recuerdo y en cada olvido.

Me gusta recordarte y pensarte, perderme en ti. Adoro esa mezquina y marginada manera de regresar siempre al origen en donde hablo a mi conciencia. Eres y serás. Estarás tantas veces como sean necesarias. Me sigo preguntando con la mano sobre la cabeza y la cabeza sobre el alma, sobre el corazón, cuándo volveremos a consagrar algo inmaculado. Siento que he llegado al punto sin retorno, donde la marcha atrás no es una opción. Estoy al borde extremo donde vuelvo a imaginar mi verdadera revolución.

Ya sé que siempre me la paso hablando de una revolución pero, eso, es porque esta llegará. Arrastrará todo y dejará al mundo de cabeza. Llegará y entonces todos sabrán que aquello que he de estar blasfemando antes de dormir tendrá por fin su verdadera razón, porque todo ha de tener una buena razón.

Llegará en todas direcciones y sentidos. Llegará justo al filo de la media noche, con las demás conciencias enclaustradas quitando así la venda que está impregnada en el sentido común de la sociedad. No habrá nada más que dicha revolución y para cuando llegue, estaré listo, tendré todo lo elemental y lo complemental. Tendré cada detalle ensamblado de manera homogénea y heterogénea. Llegará la guerra y junto a ella la bomba que detonará el clímax de toda la historia.

Crearé tal revolución que la línea del tiempo comenzará a tener una nueva era. Un nuevo resurgir donde los entes habitantes que queden en nuestra nueva Tierra serán animales irracionales. Estaremos entonces…

Estaremos como ahora, juntos, atados con el alma y sujetados con las palmas porque he dicho desde hace ya mucho tiempo, eres tan irremediable conciencia mía…

viernes, marzo 14, 2014

Puta vida

Me pregunta qué tanto se podría saber. No sólo son las buenas intenciones y la buena manera, ni tampoco se trata de hacerlo de mala gana. Llevo aún conmigo todos los recuerdos enclaustrados escurriendo de mis bolsillos. Concuerdo con cada sensación palpitante que estremece cada uno de mis sentidos arrastrándolo hasta ese jodido punto en el que uno se vuelve parte de la nada. Me pregunto siempre, nuevamente, qué tanto se podría saber.

Viene y va un sinfín de veces, lleno de mescolanza y demás demandas sociales que se embullen por el coleto como la carne empapada de sangre y agonía. Nuevamente ¡Al carajo la vida morigerada!¡Que se jodan todas y cada una de las lágrimas de una vida taciturna! No vengo como solía hacerlo en las tardes de invierno. Vengo flamante por dentro y fuera a la vez, con los síes arraigados a un no rotundo. Que se joda todo en su existencia por última vez, pero que se joda bien. Y si hablamos de la jodida vida, vaya que de eso se vive, a cada instante, con cada infinitésima parte de melancolía. Todo y todo y todo, siempre.

Abro los ojos y no precisamente al despertar como solía ser, no, los abro con esa vaga sensación de retardo que comienza a invadir todo mi cuerpo. Esa sensación de pequeño hormigueo que recorre todo mi pecho y hierve justo en el clímax de la situación. Tengo tan ávida vida, que podría llenar aquellas carcasas vacías, esas mismas que simulan un corazón. Tengo tanto carmesí aterciopelado que podría esclarecer al vidente más ciego del mundo entero. Tengo tanto corriendo y circulando, chapaleando en todo mi sistema. Arduo, ferviente.

Y todo lo anterior lo relaciono con cada paso estruendoso que repiquetea en mis sienes. No hay nada más en este preciso instante. No hay nada más. No importa como haya sido la manera o el trato que se le haya dado. Como dije, viene y van un sinfín de veces. Ahora mientras transpiro un poco de sangre desde la punta de mi cabeza hasta el filo de mi alma, me pregunto qué tanto podría saber... Un parpadeo sólo para recordarme qué es la jodida vida...

miércoles, febrero 26, 2014

Dulce Melancolía

No hay cambios perpetuos ni maneras o caminos para estar. Cada intento siempre es mucho más fuerte que el anterior. Quisiera poder hablarte y contarte y narrarte aquello que estremece mis impulsos, pero las palabras adecuadas me sobran y me faltan a la vez. No hay forma para ello aunque lo intente con el corazón en las manos, aunque lo haga con toda la pasión de la poca o mucha vida que he llevado. Veo entre cada suspiro, el miedo que escurre bajo la puerta, el verso que queda impregnado en mis codos. Veo como escurren desde ellos hasta la punta de mis dedos, las palabras que no pronuncio. Como el cigarrillo que se consume en las manos de todos los atolondrados y enajenados con su vicio. A cada momento hago reverencias a la guerra y la revolución que transita en mis venas, que germina junto con el fierro de mi sangre. Y, la planta que emerge desde mis entrañas hacia la soledad a la cual nos vemos descubiertos y expuestos, recorre aún cada camino fugaz de los recuerdos que no sostengo.

Quisiera contar la vida y la muerte y los minutos pasivos sin algo perduradero. Jamás cesará la extrañan mescolanza de emociones taciturnas con ese estupor nocturno que acaricia mis mejillas junto con el viento helado de la ya mencionada soledad. Es complicado comprender cómo es que el frío de invierno se queda corto junto a este. No hay cosa más enmarañada y abrumadora que el frío de la soledad que corrompe el iris que postramos sobre la ventana. Tiene una mórbida e inestable manera de perturbar los pensamientos mientras vemos el derrochar de la vida amargada. Continuamos subiendo lenta y cómodamente, de espaldas y con la cabeza entre los hombros queriendo entenderlo sin siquiera merecerlo.

La ladera se vuelve más inclinada y sólo nos cruzamos de brazos esperanzados de que el mundo se dejará caer sobre nuestras manos sin siquiera estirar la piel. Sin si quiera transpirar por mera coincidencia. Los fantasmas que quedan atrapados en el embrolloso ruido mental salen a flote en esas situaciones, y entonces, nuevamente es que nos volvemos polvo cósmico, y no por haber conseguido aquella de la gloria terrenal. No. Nos convertimos en polvo y gas porque es la mejor manera en la que podemos aportar algo bueno. Como los seres vivos que no son torpes, dan un poco de vida con cada respiro. Desafiando al mismo mundo en cada instante. Así como circula cada glóbulo rojo, mientras chapalean queriendo robar la vida que los demás han dado. De eso precisamente se trata. Se trata de dar algo a cambio de lo que conseguimos gratis. Se trata de darlo con pasión. Se trata de dar respuestas a preguntas que nadie jamás se ha formulado. Se trata de concretar historias capaces de renacer desde los poros hacia el alma. Se trata de aferrarse aunque sea un solo instante al glorioso mundo. Se trata de regocijar mientras vociferamos palabras inocuas, inertes.

Se trata de no sólo vivir, sino, de vivir en verdad. De dar gracias aun cuando no son requeridas. Se trata de conocer las partes más obscuras y comprender la escala de grises. Se trata de disfrutar y sufrir de verdad sabiendo que al día siguiente siempre habrá más incertidumbre de la que podría caber en un pocito lleno de jacintos. De buscar. De recordar el gran porqué de la libertad.

Simplemente se trata de querer vivir sin necesidad de precisar algo más.

lunes, febrero 03, 2014

Caminos fugaces

Entonces fue que comprendí cosas importantes. Hay algo que lo con el pasar de las estaciones estamos atados día con día. La única seguridad que podemos comprender en este atisbo de realidad al que le llamamos vida, es aquella del descanso eterno. Sea cual sea tu situación, por una buena o una mala y mezquina acción estaremos sujetos con el pasar de los años. Grandes recuerdos siempre suelen invadir mis pensamientos si me detengo a pensar en esa mala jornada. Situaciones adversas donde con un parpadeo se consumen muchas vidas. Muchas de ellas con almas ligeras como las de un bebé y otras tantas tan pesadas, que podrían devastar la altiplanicie de la soledad con una buena estampida. Recuerdo que desde aquellos primeros pensamientos indagando esta clase momentos, consolidé para mis adentros una especie de pacto, de convenio, de comunión conmigo mismo. Uno en el que sea cual fuera la manera perpetua de llegar sería para descansar de manera etérea ese letargo de vida al final del camino.

No obstante, también comprendí que estaba a una especie de paralelismo inocuo. Jamás he pretendido darle semejante gusto y predisposición a aquello que llaman destino, porque aunque no estoy seguro de la pronunciación de esa palabra, creo que no hay maneras congruentes de rellenar ese espacio. Tampoco creo que haya un conjunto de líneas limítrofes que estén restringiendo nuestro andar hacia uno predeterminado. Me gusta pensar que tal vez hay un paralelismo idóneo, perpetuo; en el que hay grandes líneas, más bien trópicos, que están trazados a lo largo del andar nauseabundo dando así, una gran cantidad de predisposiciones a la cuales estaremos arraigados conforme las decisiones hayan tomado sus cartas en el asunto.

Suelo cuestionar siempre, con el pasar de los días a través de mis ventanas, si las decisiones que estuve flirteando han sido las mejores o las peores, porque aunque no debería de preocuparme por lo que ya sucedió o lo que pueda venir, siempre he creído que tengo una peculiaridad divina, un don para las premoniciones. Es más bien una extensión de mi cuerpo hacia el tratar de caminar siempre los pies sobre la tierra. Aunque, por otro lado importante, a veces, y digo a veces porque siempre me cuesta tanto apegarme a el estilo de vida, a veces también puedo andar con los pies sobre el aire. Con la cabeza llena de pensamientos que flotan de manera unilateral por el espacio completo. Andrómeda, Orión. Las nebulosas y las grandes estrellas. Vía Láctea. Todos los cuerpos astronómicos presentes en mis pupilas se sujetan de cada una de esas extensiones creando el verdadero alabastro de espíritu.

Los océanos de palabras y paráfrasis están colapsando dentro y fuera de las grandes y centelleantes calamidades. Somos una parte homogénea que está dispuesta a compartir su ente de benevolencia con una sola actuación. Somos una gran calabaza. Una gran berenjena. Un gran hígado. Un gran páncreas. Somos cuerpo entero. Mente, corazón, alma, miembros órganos, sistemas hercúleos y bonachones. Somos todo y nada. Vida y muerte emergiendo de un solo inicio y el mismo final.

Sea cual sea la situación en la que nos encontremos tenemos la verdad y hecho irrefutable de existir y estar jodidos, radiantes. Sea lo que sea poseemos la única verdad absoluta ante cualquier ente que se postre sobre los raudales de vida que están derrochando luz en la habitación.

Pertenecemos al cosmos y su cosmogonía. Porque como creo decir la mayoría de las veces, aunque sea dentro de mi memoria, la vida y la muerte van sujetados de la mano en el mismo trecho. Tanto una como la otra penden de un hilo en el mismo instante, son dependientes, son lo único perpetuo que hay en el mundo. Son la parte infinita del Big Bang y, hasta en estos tiempos, son la fe de aquello que existe sin necesidad de tener vida material.

lunes, enero 20, 2014

Meridiano cero

Nos estamos consumando dentro de la esfera de cataclismos. Día con día el cáncer que sucumbe a la sociedad está corroyendo todo, hasta la parte más marginal y mezquina. Hasta a la más pequeña reminiscencia. Deseos por deseos y aún no sabemos en qué se están convirtiendo. Pensando que el mundo aún no se detiene, aunque el girar de su sentido se esté retorciendo con el pasar de los instantes, seguiremos como máquinas perpetuas destinadas a amordazar aquello que muchos temen. Encerrando hasta el más inexplicable miedo con tanto ímpetu. 

Basta con creencias basadas en engaños andrajosos para mimetizar la ciencia y la fisionomía de la soledad, del amor, del arte, de la pasión y de todo lo que en verdad es imprescindible. Basta con llenar de fervor y algunos detalles extra un canto excéntrico para horrorizar a la masa coagulante que transcurre y circula en mis venas que se llenan de plomo. Cada parpadeo llena de más esencia que sigue derramándose y chapaleando en todos mis sentidos, en cada uno de mis impulsos. Hay maneras congruentes de desertar y acertar al mismo instante. Eso es lo que falta. El mundo entero ha olvidado que el origen de los tiempos radica en hacer todo con el corazón en las manos y el alma de frente. Suelo preguntarme día con día en dónde ha quedado toda esa pasión que quedó impregnada a lo largo de la historia de nuestra época. Suelo hacerme la misma pregunta siempre <¿Será acaso de estamos en retroceso?>.

Las verdaderas muestras de pasión y romanticismo, no como aquél que se mancha con canciones rosas y dementes enajenados sino ese romanticismo que emana desde las entrañas y purga las emociones hasta llevarlas a un estado de frenesí y éxtasis total, son aquellas que están palpables ante los ojos de nadie, son esas que están impregnadas en nuestras palmas y que escurren hasta la punta de nuestros dedos llevando consigo el hálito de remembranzas que quedarán trazadas en nuestras memorias, que se quedarán de manera etérea en nuestras retinas y que harán volver a aquella revolución. ¿¡Joder, dónde quedó la verdadera pasión!? Con cada puntapié que doy de vuelta a casa sólo me convenzo más de que se está perdiendo, que dicha revolución que no debe de detener el girar y andar inmaculado aún está lejos. Tenemos sensaciones de vernos, de comernos, de sentirnos, de olvidarnos y recordarnos, de todo lo que está de manera elemental.

De nuevo vuelvo a aquello de caminar vuelta a casa, con los codos rebosando de memorias inconclusas y con la espina dorsal cubierta de gorgoteante vino tinto. Mirando para mis adentros y hablando al mismo tiempo de que nos estamos consumiendo, que el cáncer y el delirio nos está alcanzando pero para ello, siempre me previne a mí mismo. Siempre estaré listo, con la mirada hacia dentro y fuera a la vez. Sabiendo decir sí y no al mismo tiempo. Acertando y desertando en un solo instante. Siempre estaré listo porque así como consume, nos hace resurgir de las cenizas que quedan amarradas al viento.

Estamos tan vivos y muertos como la luna cada veintiocho días. Nos llevamos dentro y eso es lo que importa.

miércoles, enero 01, 2014

Coloquio No.1

Creo que es terrible el punto en el que me he encontrado tantas veces, siempre de la misma manera. Comenzando con un mal sueño o una mala actuación. Simplemente creo que es terrible. No suelo improvisar como con anterioridad. No. Simplemente creo que es muchísimo más grave que eso, y no sólo por el hecho de extrañarte o de perder a cada instante el tacto para demostrarlo. Simplemente creo que es terrible.

Creo que es terrible el haber arrastrado palabras cuando tal vez eran innecesarias, siempre de la misma manera. Comenzando con un mal sentimiento o una mala interpretación. Es terrible y lo creo. A veces no encuentro una adecuada manera para decirlo o expresarlo y por ello empiezo por aquí, y no sólo por el hecho de querer arrancar el corazón y sujetarlo hasta que encuentren tus manos. Simplemente creo que es terrible.

Simplemente es terrible, y no sólo porque lo creo, esa extraña mescolanza que queda palpable al amanecer. Comenzando con un suspiro mientras los ojos permanecen ausentes y la mente vuela a unos centímetros del suelo. Es insoportable el saber que te tengo y no, que no necesitamos tiempo ni espacio para demostrarlo, y no sólo por el hecho de saber que ahora estás lejos mientras yo, yo sigo aquí. Simplemente creo que es terrible.

Simplemente creo que es terrible porque vivo, y antes de eso, muero una vez más.

sábado, diciembre 28, 2013

El duelo

Siempre se trata de quitar cada día una, de llegar hasta el fondo. ¿Recuerdan el gran sueño que se hizo realidad? Sí, el mismo que sólo era un mal chiste. Todo comenzaba de pronto en un cuarto irradiado desde la ventana hasta mis entrañas, una cama desolada y un cuerpo desfallecido por el mar de tinieblas en el cual había librado un gran duelo. No estoy seguro del porqué comienzo mencionando lo anterior ni pretendo entenderlo. He logrado comprender que a veces son mejores las preguntas sin respuesta. Que siempre hay mejores maneras de comenzar al amanecer y al atardecer. Y más importante todavía, que los baldes de agua fría no siempre tienen que caer de una manera abrupta.

No preciso percibir cada instante con mensaje ocultas ni recreaciones absurdas sobre la manera indirecta de recatar los bolsillos de melancolía. No, la cosa es mucho más grave. Se trata de tratar de llegar hasta el fondo y aceptar esa realidad que sólo se mira si quitamos la toalla del espejo. A veces se comienza desatando cada bestia que está aferrada al corazón henchido de emociones y sentimientos corrompidos por la sangre de una mala actuación, pero, si se logra arrancar cada parte de un gran mordisco, será entonces que habremos hallado el mayor tesoro. Más grande aún que la resurrección que proviene de la manga derecha.

Comenzaré justo por donde nadie habría pensado hacerlo. Comenzaré con el oído plural de otra sociedad marginada por los "presentes". Siempre habrá una manera real de empezar a realizar cada buena actuación, con los trazos de nuestros recuerdos sobre nuestras palmas, sobre nuestra alma, y así será que nos habremos perdido juntos de una buena manera. Comenzaremos justo por donde llegamos, terminando un mal ciclo para un día despertar bajo el sol de la media noche sujetados brazo con brazo, ser con ser, alma con alma, entonces estarás con la mancha de mi tinta en tus venas y yo, yo sólo con el recuerdo de cada noche en vela.

miércoles, diciembre 18, 2013

Atemporal y omnipresente

Hay días en los que siempre vivo anhelando situaciones idóneas, etéreas. Esos mismos días donde creo haber entendido eso de los ejes y trópicos que coordinan las emociones. Esos mismos días en los que quisiera ser omnímodo de alguna manera, en los que quisiera crear una división atemporal que trascenderá hasta las palmas de Dios. Hay días en los que siempre vivo y siempre muero un poco con cada mala actuación. Días en los que recuerdo todas las malas jugadas que han ocurrido sobre mis retinas. Esos mismos días en los que quisiera ser todo y nada a la vez, vivo y muero nuevamente.

Siempre hay momentos en los que me encuentro blasfemando y derramando bilis de la copa de mi cabeza. Momentos en los que siento el recorrer de la adrenalina por cada una de mis venas desgarrando así todo el odio que se comprime dentro de ellas. Siempre hay momentos en los que quiero ser la esperanza gris mientras el escurrir de la sangre no cesa mientras, con los ojos cerrados, conduzco de vuelta a casa como suelo hacer con frecuencia, de dos en tres y de tres en diez. Esos momentos siempre son homogéneos y perpetuos porque sea como sea, siempre siento el ácido converger en la punta de mis dedos.

Y hay situaciones adversas donde pretendo ser omnipresente en todos los encuentros. En aquellos que ocurren y todos aquellos que están tan cerca que puedo tocarlos con el alma. Hay situaciones donde suelo perder el control, olvido el origen de donde se rigen todos mis impulsos. Situaciones donde el libelo que se derramó a torrentes desde mi ventana hacia los ladrillos de la sociedad, se convierte en escoria y bazofia eterna. Siempre hay situaciones donde pareciera que el mundo no merece un poco de respeto ni de escrúpulos. Hay situaciones donde solemos perder no sólo el control, situaciones donde aparecen y desaparecen las marcas que se postran sobre nuestras nucas mientras, vemos el reflejo de las montañas empapadas de recuerdos. Siempre hay y habrá momentos sublimes donde vivo y muero una vez más.

miércoles, diciembre 11, 2013

Mente en fuga

Quisiera tener una mente en fuga para así sólo mirar sin alguna razón. Para así poder tener un pretexto sin remedio de cada mala función donde el escurrir de mis dedos se convierte en sangre. Una mente en fuga para pretender que no hay necesidad de escuchar cada latido sino mas bien, escuchar cada impulso que se encuentran controlados por los tuyos, aún nos mantenemos bajo los miligramos. Quisiera tener una mente en fuga para sólo llegar al solar donde juntos proclamaremos victoria.

Quisiera tener una mente en fuga para llevar bajo mi manga izquierda el estandarte de gloria y consigo la racha de buenas obras que aún están bajo las solapas de mi piel. Para así poder tener recuerdos escurriendo desde mis codos sin necesidad de verlos fotografías. Una mente en fuga donde todo fluya conforme a lo dictaminado por mis impulsos, ya hablamos de que con ellos también irán los tuyos. Quisiera tener una mente en fuga para sólo tener la calidez de tu torso junto al mío.

Quisiera tener una mente en fuga para así olvidar una vez más. Para así poder tener en cuenta lo que más importa, lo que se lleva a veces con tan solo un respiro, con un suspiro. Una mente en fuga con la que ya no existan momentos donde olvide quién soy y peor aún, olvide quién extiende no solo la mano, sino también las lágrimas para un día retornar a la tierra donde no existe tiempo ni espacio. Quisiera tener una mente en fuga para sólo llevarte con ella mientras nos consumimos en cenizas. Nada más será necesario.

domingo, diciembre 08, 2013

La revolución está aquí

Basta con poner los codos sobre la mesa, con olvidar hacia qué lado se inclina la cabeza al dormitar. Basta con sólo mirar lento y rápido, con parpadear sin pestañas y mirar sin prejuicios. Basta con saber que estás sin necesidad de hacerlo, con mirar cada una de las esperanzas que se reflejan en la lluvia. Basta con dormir sin sueño, con despertar sin necesidad de desaparecer. Basta con mirar, nuevamente, sin prejuicios ni pretensiones ni nada semejante. Basta con sólo mirar el resplandor que yace en el recuerdo de las conversaciones imprevistas. Basta con recordar la manera en la que el tiempo y el sonido se detienen mientras brillamos al son del amanecer.

Basta con sostener la fortaleza más grande mientras la ciudad entera permanece en el sueño eterno. Basta con observar desde adentro la manera en la que las ruinas que están bajo las dunas resplandecen con sólo escuchar la delicada y fina frecuencia de tu voz. Basta con presenciar el mayor de los actos, el más inconmensurable, el mismo que nos hace pensar "La revolución está aquí". Basta con ser la inspiración, con ser la guerra misma mientras miramos la batalla desde el otro lado, desde fuera. Basta con ser la mente omnipresente, efímera, ambigua. Basta con ser la llama de la soledad que puede serlo todo y nada. Basta con simplemente ser inspiración.

Basta con sólo observar y mirar una última vez, con permanecer  perpetuamente en la mente (corazón) que está presente en mis manos. Basta con ser el solaz y la proeza más grande que podría haber, con ser constelación y galaxia. Basta con sostener tu rostro una vez más, eso es todo lo que necesito.

viernes, noviembre 29, 2013

Perderme en ti

Quizá cambiará un poco la manera de comprender y percibir al mundo y a la sociedad. Siempre comienza con el dormitar mientras todas las bestias están en movimiento perpetuo. Comienza siempre de nuevo mientras voy camino casa, mientras la atmósfera me consume lentamente como las viejas cenizas que quedaron de la última insurrección, de la última resurrección. Aún se siente el calambre de la última cruz que quedó sepultada en letras y palabras y torrentes sanguíneos donde mi manchar carmesí-violeta sigue dando vueltas a ese viejo ciclo. Vuelvo de nuevo al inicio, comienza siempre con el color verde y el café que sigue palpable sobre nuestras retinas, con el caer de las hojas sobre nuestro cabello enmarañado, donde veo hacia cada extremo los nudos que sujetan mi alma. Entonces sé que de nuevo me encuentro en el inicio, parpadeando, bostezando, rebosando de latidos y de frecuencias que ahora encuentro demasiado variadas.

Alguna vez hablé de caminar sin pestañas (o era dormir¿?) y también de que la mancha de una nueva vida siempre estará escurriendo desde nuestros codos hasta los nudillos pero, para mi buena suerte hace poco que perdí uno de ellos. Continúo entonces, nuevamente hay que caminar lento y rápido a la vez, volando y corriendo mientras aprendemos a caminar sin remordimientos ni regresiones. Caminar y volar mientras nadamos dentro de nuestras cabezas, mientras navegamos en los agujeros de tus ojos. Suelo preguntarme cuál es la manera de sostener tu mano pero ya no me detengo a corroborar si lo estoy haciendo bien o mal. No. Ahora me dedico a disfrutar de ese acierto o aberración como nunca antes. No hay maneras precisas ni concisas o consistentes para volar pero siempre podremos hacerlo al amanecer.

También llega a mi memoria una reminiscencia arcaica, en la que situé mi vista sobre la ciudad de las nubes bajas, donde la carretera de caminos fugaces se acortaba mientras sostenía la última gota de tu sangre derramándose sobre mi abdomen, y aún así, jamás me cansaré de verla chapalear dentro de mis poros. Sólo no olvides cuál fue la promesa eterna, la misma en la que consagramos cada una de las vidas que nos quedan por vivir a encontrarnos y entonces, de nuevo te quedarás sin palabras. Entonces de nuevo miraremos el verde y el café de nuestras memorias porque para entonces, no tendremos que esperar más casualidades. Será entonces que tendremos una vida menos marginada y con menos complicaciones. Entonces será que ya no dormiré porque por fin me habré perdido en ti.

sábado, noviembre 09, 2013

Ella

Sé que hay muchos círculos dentro, desde lo más relevantes hasta que aquellos que apenas es pertinente hacerles una mención. A veces hay maneras y formas raras (y vaya que de eso sabemos bastante), tanto que apenas puedo verlas con los ojos cerrados, con los sueños derramándose por la ventana. También sé que hay muchas maneras de desaparecer y en ellas hago caso a dicho hecho de querer hacerlo en media hora, con la mochila en hombros y los deseos en los bolsillos, aún así no sé en qué punto se concilia la resignación con la tolerancia y la respuesta omisa de querer converger allá donde el sol no se pone y la luna no se opaca. Quizá no es la hora correcta, quizá sí. Tal vez no es forma de hacerlo pero aún podemos encontrar la situación en la que sujetados de la mano somos la dinamita ante cualquier cochino conflicto bélico.

Sé que soy tan impuntual como un reloj roto (vaya que recuerdo esa frase a cada momento), y también, sé que soy complicado hasta las retinas. Sabemos acerca de qué hablan los complementos y también, la manera en la que ponemos resistencia. Aún sigo escribiendo tu nombre en la arena, con las manos sobre la cabeza y la cabeza amarrada al alma, con el corazón en la mochila y los pequeños animales entre nuestros impulsos. No hay hecho concreto acerca del camino perpetuo que sigue llenándose de estrellas destellantes y fugaces. Y, aunque mi mente no me lo permita, sigo percibiendo el océano de letras que sigue siendo la línea limítrofe entre el emerger de nuevo delante del mar. De volver a nacer sin complejo de crucifixión y sin vendas ni algo bajo al brazo. Aún persiste ese trópico que rige nuestros pensamientos, el mismo que atenúa el querer empezar sin cordones umbilicales, sin agujetas amarradas ni camisas abotonadas.

Pero, también sé, y estoy más que convencido, que antes jamás había sentido tal deseo de continuar, de no resignarse y ver, y creer, y comprender que tu nombre puede ser escrito una y mil veces en la arena, y en el mar, y en la nieve, y en la lluvia, y en viento y en cada momento, a cada estación, en cada situación. También sé que dicho trópico y dicha línea limítrofe sólo existen dentro de mi mente, y que, fuera de ellas pierden cualquier valor racional (aún me cuesta mantenerme sin dosis de realidad, pero eso no significa que haya razones para no querer continuar). Sé que aún puedo renacer con los latidos que emanan desde mis impulsos hacia los tuyos, y ante todo lo anterior, también sé que siempre tendremos ese dulce solaz de tu cuerpo y tu torso junto al mío. No sé ni pretendo saber el porqué del mundo, y el porqué de cada situación (aunque vaya contra mi propia moral), sólo sé que esta y cada noche que queda por concretar, quiero seguir siendo ese recuerdo al amanecer, quiero dejar esos estragos de la mala realidad, de nuevo, bajo las cobijas, porque, como he aprendido bien de ti (y vaya que siempre refiero todo a cada encuentro nuestro), la vida no sólo es una bahía linda y generosa, es más que eso. Es el puerto entero de la soledad y de la salvación, llena de barcos que vienen y van con recuerdos. Aprendí que la vida no se mide desde mis pensamientos hacia el cielo, sino, desde mis pensamientos hacia los tuyos. Y, también, aprendí que no se trata de querer simplemente, no, es más que eso, se trata de despertar y caminar, y correr y volar a la vez. Que la vida es un océano entero, donde a veces hay calma después de la tormenta.

Sea como sea, siempre referiré cada situación a ese lindo recuerdo en el que tú y yo sostuvimos una conversación por la mirada y el tacto. Sea como sea, siempre podremos empezar de nuevo cada temporada, porque como dije alguna vez, eres y serás mi complemento, esa gota de inspiración (sea buena o mala) que me permite continuar hacia el mañana. Ese mañana en el que por fin partiremos rumbo al norte, con la mochila retacada de sueños y deseos y buenos y malos recuerdos. Con las manos sujetadas hasta el alma, mientras tanto, no me cansaré de seguir escribiendo tu nombre sobre mi ventana.

lunes, octubre 28, 2013

Réquiem para dos

Hablando de sensaciones y situaciones, me atrevo a decir que las mías derraman desde mis bolsillos, desde los costados, desde el otro lado mientras miro la batalla. La revolución. Creo haber perdido la noción de todo lo anterior, de querer comer el mundo a bocanadas y mordiscos. También  creo haber olvidado en dónde se origina la seguridad de estar presente y ausente a la vez. De saber decir sí y no con la cabeza en alto y los ojos cerrados. Y también, creo que el clímax de elementos y complementos quedó sepultado bajo rasguños y raspones. Aún sé de qué depende dicha revolución, sólo falta el querer emerger de nuevo delante del mar. Resurgir de nuevo, mediante una resurrección, donde el complejo de crucifixión se disolvió en mis entrañas. Donde las solapas de mi piel aún llevan bajo ellas pétalos con olor a melancolía. Donde circula el olor de tu piel en cada uno de mis poros, de mis sentidos...

Querer olvidar una vez más. Querer entender esa persistente diferencia que sitúa al odio, el mismo trópico que rige nuestros latidos. Aún comprendo el porqué de tantas preguntas sin respuesta y más aún, el porqué habría de recurrir a dar escupitajos delante de una mente maestra y efímera. Me pregunto aún así, si será la mejor solución, si el situarme delante suyo será la respuesta perfecta.

Recuerdo haber hablado de humanidad y sentidos. De baldes de agua fría lloviendo como la realidad a escalas de grises. De vociferar a torrentes sobre todo mi linaje, de encandilar libelo a raudales como luz de sol en la ventana. De ser y estar encabritado mientras las dunas de una psicosis encuentran un solaz bajo la realidad morigerada en dos miligramos. También alguna vez hablé de caminos fugaces y de océanos de letras que aún separan el agujero negro de tus retinas con la constelación que se postra sobre mi espalda. Del animal que siempre seremos y de tantos reyes como babosas quepan en nuestro magín. Pero basta ya.

No vengo de nuevo a ti con vendas en los ojos ni con cordones umbilicales atados a mis impulsos. Estoy seguro que estoy desprotegido y cubierto de luces destellantes y ante todo eso, aún mantengo el vívido recuerdo de aquella conversación que sostuvimos con la mirada, que hablamos por el tacto. Aún mantengo vivo el temor de las cuatro paredes blancas y de un reflejo en el espejo con miradas vacías y más, también la manera en la que escurre el dulce néctar de tus labios manchando mi abdomen, pintando mi vida de rosa - con el corazón en las manos-, siendo que me mantengo presente y ausente, sin mente. Que no hay adiós ni más rotaciones celestiales. Siendo que me mantengo con el ferviente deseo de llenar de reminiscencias cada amanecer. Siendo que, ante todo por nada, aún puedo derrochar caricias insensatas porque, como aprendimos alguna vez, eso de la humanidad radica en los sentidos, y para mi buena suerte, yo tengo más de cinco...

martes, octubre 15, 2013

Las estaciones de tu vida // Ella

Quiero ser la primavera de tu vida para florecer junto a ti, 
el verano que vives para estar ahí cuando abras los ojos y el sol difumine tu piel.

Quiero ser el otoño de tu vida para sentir el crujir de las hojas bajo nuestros pies mientras nos columpiamos al atardecer y,
quiero ser el invierno entero para volvernos unos mismo mientras el frío corrompe nuestros cuerpos.

Quiero ser el principio y fin para poder comenzar siempre para temporada, juntos... //

// Ella es la pasión hecha maldición , en cambio yo, soy la maldición hecha poesía.
Ella es cada recuerdo que no tengo, en cambio yo soy aquello que siempre tiene.

Ella es ella, en cambio yo, aún no sé cuándo despertaré...

Ella es el sueño mismo, en cambio yo, soy la melancólica realidad.
Ella es el complemento, en cambio yo, soy el elemento...

Y para ser elemento, primero hay que ser nada y todo a la vez...

martes, octubre 01, 2013

Propósito, razones, conclusiones y revoluciones

Suelo preguntarme cuál es el propósito de cada espasmo que acaricia mi médula y todo mi sistema. Comienza siempre desde la punta de los dedos y recorre cada parte, hasta la más mezquina. Un paso firme es lo que dicen algunos que siempre hace falta pero, de qué sirve el jodido paso firme si se da sin sentido ni dirección. Hay otros tantos que prefieren hacerlo con vendas en los ojos, como si en verdad supieran siempre la razón por la cual lo están haciendo. Sea como sea, yo prefiero hacerlo de espaldas, así, tendrás oportunidad de saber qué tanto te sigue persiguiendo.

Caminando de nuevo, al derecho y al revés, de dos en tres y de tres en cuatro y de cuatro en diez y de diez en millones y de millones hasta donde nos alcance la imaginación, y para mi buena y jodida suerte, tengo un magín tan irreverente que estoy casi seguro de que podría llegar a caminar sin necesidad de dar paso alguno. Aún puedo sentir cada cosquilleo y hormigueo cerrando lenta y plácidamente mi garganta mientras la atmósfera presente me consume con un sólo propósito pero, esta noche no vengo a dar peroratas sobre propósitos ni convicciones, no. Sólo por esta noche quiero recalcar cómo es eso de ser la revolución que emana desde las retinas hasta las pupilas. Estoy aquí y ahora, seguro de que dicha revolución comienza siempre desde nuestros muñones (y le digo muñones porque la invalidez no radica en lo físico) y, termina hasta donde queramos hacerlo.

Entonces es que por fin recuerdo cuál era la razón de esta noche. De nuevo comenzaba desde la punta de los dedos pero no terminaba en partes marginadas, sino, más bien, termina justo en los codos, termina justo donde los pensamientos convergen y radican en una sola sensación. Sensaciones que recorren la espina dorsal de manera taciturna, llenas de reminiscencias que no deberían ser parte del pasado ni del futuro. Es más, ni siquiera deberían ser parte de un presente porque ahora lo único que importa es mantener la ventana abierta, después de todo, aún podemos volar como mariposas. Aún podemos contemplar la descarada dicha de la luna que está postrada sobre lo que tú llamarías libre albedrío. Después de todo, y digo realmente todo y nada, aún podemos comenzar con tu cuerpo suspendido junto al mío y amigo mío, eso será siempre y eternamente genuina inspiración.

viernes, septiembre 27, 2013

Soliloquio No.3

A veces vocifero desdeño a torrentes desde mis entrañas, lo hago por mera coincidencia. Algunas otras pareciera ser que no hay orden o razón ni entendimiento pero, sea el caso en el que nos situemos, siempre podremos encontrar la calidez de tu torso junto al mío.

Aún hay maneras imprecisas e imprevistas para continuar caminando despierto, y aunque la incertidumbre de la nueva vida siga papable sobre nuestras palmas, seguiremos encontrando la misma calidez sobre nuestras palmas, el mismo solaz en la danza de nuestros sentidos. Suelo repetir el mismo galimatías en monsergas y peroratas. Suelo hacerlo de dos en tres y de tres en cuatro, en soliloquios y coloquios para aquellos que siempre están presentes sin mente. Suelo referir todo en la vida al jodido libelo al cual nos vemos expuestos con el paso del tiempo y, si tenemos un poco de buena suerte, con el paso del sueño eterno. A veces es bueno estar despierto y ausente, y otras tantas, es bueno estar dormido con conciencia. Algunas más es necesario no dormir y pasar en vela el estertor nocturno por completo bajo las cobijas sólo para llegar hasta el firmamento infinito.

Caminar despacio y lento a la vez, sin marcar los pasos ni volar en el mismo instante. Caminar lento y rápido simultáneamente, con el crujir de las manecillas sobre nuestras nucas y sentir el hervor de la sangre que circula en nuestra memoria. Caminar lento, despacio, rápido y sin prisas con un propósito, con el deseo ferviente de llegar, tarde pero llegar. Caminar vivo y despierto, con prisas y sin compromisos, hacerlo al derecho y al revés, sin manifestaciones abruptas ni destellantes lisonjeos imaginarios. Y una última vez caminar dormido y sin sueño, hacerlo de izquierda a derecha con la mano sobre la cabeza, con la cabeza sobre los impulsos y, cada uno de estos sobre las estrellas y constelaciones y galaxias y agujeros negros o sea, caminar pues, sin detenimientos ni represalias. Caminar, caminar, caminar. Despertar.

A veces creo haber vomitado todo el libelo y porquería que cargo en la barriga, pero, para todas aquellas ocasiones en las que aún siempre queda el último aliento, aún podemos dejar la ventana abierta y mientras eso sucede, tú y yo podremos ser sin ser. Podremos estar sin ser. Podremos despertar sin ser, y ante todo lo anterior siempre podremos encontrar la calidez de tu torso junto al mío...